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Villa Gesell, 2021

El recuerdo es un medio de transporte gratuito preferido de mi primera silla que con la velocidad
de la luz transita hacia la cajita cerrada con cerradura y sin llave adquirida en el remate y
regalada días después a la tía abuela, que nunca la abrió, y misterio que dio para frases de
dudas, apretándola se la llevó junto con la eñe que no soltaba, vestida de antaño, suponemos
al cielo donde barrilete nocturno remontó sin que la vieran
Miro al través de la ventana. El tallo del sol se inclina en la tarde, las flores naranjas de la rosa
china ganan el luto de la noche, soles que mañana volverán en otros soles. Universo de estrellas
que desaparecen para repetirse en la magnificencia de un big bang botánico, cotidiano,
esplendor de espejos, voces de madrigales.
Las mesitas vacías de objetos que las hablen, los espacios ocupados por sillas ausentes, son
articulaciones primeras y necesarias para que me entienda en la particular lengua de mi historia,
y después y quizás compartirla.
En la escenografía de la sala las luces se encienden en circuitos trastocados del orden
cronológico, rupturas que no son más que meras asociaciones necesarias en este hoy de rosa
china, que mañana seré otro en el sueño de soñar.
Un día el domingo, y las diez y seis la hora, la puerta de cancel habilita la entrada de seres que
traen la presencia de fantasmas corpóreos. La fila junta no menos de diez y seis, entre ellos
está él, que soy yo con bordó boina vasca pantalón azul camisa blanca, preparado para el
misterio de la ceremonia dominical de reconocimiento de gestos rostros y miradas sesudas
hacia las sillas vacías y las mesitas vacías, planos horizontales y verticales para posar pensares
de intimidad que no se animan más allá del bisbiseo.
El caminar por detrás de los respaldos me trae los rostros y los ojos inquietos y el ceremonioso
acercar de los visitantes, en una secuencia gestual aprendida que trata y no puede ocultar,
ignorancia del nombre y la historia de la silla, y necesita del relojear disimulado del cartel con el
apellido y la biografía del diseñador, cuando lo hubo, y no siempre identificado, o fue, sí, y se
perdió en el tránsito con vaivén de los años y los caminos al anonimato
Rostros inéditos sin facciones cajoneados por el interés que no avivan, en la búsqueda
ineluctable que no admite sosías, de ella.
Luego la quietud de la espera frente a una silla.

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