5 cuentos largos.pdf


Vista previa del archivo PDF 5-cuentos-largos.pdf


Página 1...16 17 18192056

Vista previa de texto


5 cuentos largos / Alberto Naso

Recuerdo el día, hace treinta y tres años que llegamos ruidosos, sentados en sillas y sillones
dentro de la caja del camión de la mudanza. Esperanzados por el cambio. Los tres, niños aun,
Tonio, Gervasio y yo, Matilde.
Una hora después llegó Etelvina, que por supuesto no iba a venir en el camión de la mudanza,
quizás por la edad pero más seguro por su linaje. A ella le gustaba decir que se llamaba Etelvina
Anastasia Quinquer Dusquets. Se llamaba así. Nosotros, en un ejercicio que por años dudé si
era de impertinencia o cariño le decíamos la tía Chocha. Hoy, ahora que miro la casa que ya no
es, entiendo que obramos por amor.
No se si me debo o les debo un relato, pero seguro no será historiográfico, la verdad histórica
me resulta una futilidad, un pretender entender el pasado desde un pasado que se escurrió.
Prefiero sesgarlo adrede, y narrar desde el presente y desde el soliloquio de una huérfana, el
acontecer que nos trajo a éste día.
Cuando comience quedará contestada por la negativa la pregunta de hace un rato, no volveré
a esta vereda, a contemplar como puebla

mi pasado ahora entrecano,

un edificio de

departamentos.

2
La tía Chocha nunca se casó, tampoco tuvo hijos. Cuando parecía que su energía maternal,
tendría como heredero al gordo gato de angora, de pelo largo y sedoso, blanco, llamado Ankara
por un guiño benevolente a su origen, un nombre casi institucional que cuadraba vívido con la
personalidad de Etelvina, nos sumaron a los tres a su existencia.
Los hijos de Fuentes.
Viejo caco, murmuraría por lo bajo alguna vez, sin perdonar, Anastasia, claro que suponiendo
que no la oíamos, olvidando quizás que los ángeles, nosotros éramos al decir de ella sus
ángeles, tienen el privilegio inmanente de escuchar todo. Ankara ronroneó enojado, supuse que
él también prestó oídos, y aunque años más adelante, cuando tuve un tiempo de interrogantes
dude si fui justa, ese día recuerdo le dije - no te enojes gatito yo tampoco lo perdono.
Era la más grande de los hermanos y lo sigo siendo aunque ahora vivamos desgranados.

17