9 Cuentos cortos PDF.pdf


Vista previa del archivo PDF 9-cuentos-cortos-pdf.pdf


Página 1 2 34537

Vista previa de texto


Villa Gesell, 2021

Papirolas del mar
Hoy hace dos años que no me fui para volver, sencillamente me quedé.
Es un primero de abril diferente en tiempo y pertenencia, la implosión de silencio sacude, desde
ayer se van los últimos vecinos prestados, huyen en una caravana prieta a destinos que tienen
la certeza de lo cotidiano.
Se van. Se fueron. No hay nostalgia posible de lo meramente circunstancial.
La ciudad de la orilla, alojamiento temporario, arrabal de los turistas, ha sido abandonada; sus
casas de ventanas cerradas y los departamentos, sin luces detrás de los balcones, alimentan
la veladura de ausencia que invade el espíritu desde el comienzo de abril, y al letargo, ese
movimiento continuo repetitivo, lento, que barniza distinto los días del otoño y del invierno.
Así hasta la primavera. Salvo, por cierto, algunos esporádicos brotes de turistas de fin de
semana o celebraciones especiales.
Exagero y para ser honesto, debo aclarar que quedan unos varios, yo también, viviendo en el
arrabal
Amanece detrás de algunas nubes, no hay viento, el día se enciende sereno.
Algunos pescadores eméritos en paciencia y fracasos, clavan en la arena sus cañas de pescar,
lanzas de guerreros silenciosos, fetichistas en el ritual de solicitar el maná del mar
Cuando provoco la memoria, vuelven las respuestas que mandaron en abril de hace dos años
los sabedores de mi decisión. Cada uno por separado: insólito, apocalíptico, te arrepentirás,
retornarás, equivocado sueño de veraneante. Todas contundentes, seguras, integradas a su
cultura, entre predictivas y admonitorias.
Hubo una distinta, una sola, la recito textual porque conservo la nota que releo frecuente: “Estás
loco pero admiro tu locura, tiene el valor que a mí me falta”.
A todos los otros, debo admitir que la intención fue a cada uno, les mandé la misma esquela:
“Si la vida es una fuga la muerte pierde su costado trágico. Y se borra el miedo.”
Entonces transcurrió el primer tiempo de silencio, me culpé por la sorpresa causada con el texto
de la esquela, más tarde culpé a la distancia que estira los momentos y la frecuencia baja y las
comunicaciones escasean. Luego llegaron algunas dispersas, cuentas de un rosario de excusas
banales, sin sustancia, protectoras del desinterés que precede al olvido. A la altura del primer
invierno me habían olvidado.
2