9 Cuentos cortos PDF.pdf

Vista previa de texto
9 Cuentos cortos | Alberto Naso
Éste ejemplar que terminó en una biblioteca, me duele en su soledad, abandonado por René,
que al dejarlo abandonó a Viviana y Segundo, y habilita una historia paralela, exculpatoria, que
debo comenzar en ese sitio, caótico punto de inicio, temporalmente falso, final pretendido de
arraigo de tres vidas, acaso un grito para sobrevivir en el lector.
« Los misterios están echados, hay que comenzar por la biblioteca. Allá voy ».
Sorprendido escucho como respuesta que el bibliotecario y referencista no trabaja más, nadie
sabe decir la razón de su ausencia; en un año es el tercero que defecciona, o lo echan. Cada
uno comenzó en el inicio de su trabajo a ordenar los libros, y tres ordenamientos superpuestos
suman el caos.
La empleada que atiende al público, es gentil y predispuesta, rema en soledad e intenta atajar
las preguntas, pero la mayoría se le cuelan como los penales en el futbol. La miro, estimo que
tiene veinticinco años, pero como no soy ducho en este menester, le agrego cinco más.
« Por las dudas. Total da lo mismo, con veinticinco o treinta no trabajaba aquí en el año de la
dedicatoria, y pensando que el libro, quizás o seguro ingresó más tarde, le pregunté, sin
esperanza, si sabía quién lo había donado ».
Salí a la calle de arena algo húmeda, los árboles de hoja caduca las vienen perdiendo como
bibliotecarios en desgracia, un suave viento las mueve formando colchones discontinuos, la
poca luz del sol que atraviesa los estratocúmulos todo lo satura de un gris claro, pasa una
pareja con un niño que por su edad se muestra diestro en el manejo de una pelota. Después
nadie más. Imagino un futuro con muchos jugadores de futbol y pocos bibliotecarios.
« ¿Se extinguirán los libros, como los dinosaurios, en un próximo devastador invierno? Puede
ser, pero hoy y aquí, vine a preguntar sobre la dedicatoria escrita en un libro que retiré de la
biblioteca, y me voy cavilando en el texto pensado para miles de lectores, en miles de
ejemplares, y en la extensión que solo algunos, los que accedan al que tengo en mano,
pueden escribir, adentrándose en el laberinto de Viviana, Segundo y René ».
La biblioteca abre a las cuatro de la tarde y dos horas no son nada para el que ama los libros,
que ahora son lentos para el cotidiano de lo instantáneo que los obsoleta, demasiado papel y
descomunal tiempo, del que no sobra, para leerlos, aunque sea por arriba, socavando las frases
en el salteo de palabras, buscando solo el argumento, como en las series de televisión.
17
