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9 Cuentos cortos | Alberto Naso

Desprolijo en su aspecto, pelada cubierta por unos pocos pelos largos, barba de varios días,
uñas crecidas, algunas rotas, tiene sin embargo una dentadura propia en perfecto estado, sin
una sola carie, sin huellas de algún arreglo.
En la cocina encontraron jeringas, probetas y elementos químicos, lo cual motiva la intervención
de peritos especializados en drogas. Pero no hay nada prohibido y los químicos hallados son
de un compuesto no conocido. Que será analizado.
En el primer momento, si queremos avanzar, nos tendremos que arreglar sin el análisis.
Apoyado en un costado del lavatorio, dentro de un vaso de los que se usan para guardar el
cepillo de dientes y la pasta dental, hay solo una dentadura postiza.
Existen otras descripciones que abundan sin agregar nada significativo.
Las de costumbre. Tiene familia, no. Lo visitan personas, no. De qué trabajaba, los vecinos
saben poco de él, de su pasado, ni siquiera si es jubilado. Pero lo aprecian, era servicial, callado,
honesto.
El profesor cerró la presentación del caso, con palabras cuya intención recuerdo textual, y me
comprometen.
Me crié en el campo, adoro las vacas, que por cierto huelen a vaca.
Tengo una pequeña tallada en madera, regalo de mi padre que vive allá en Misiones, en el
pueblo de mi origen, el que me enseñó aún chico, tenía seis años, a jugar al ajedrez.
La puse en el centro del tablero, en cuatro dama, y al rey lo dejé acostado, como el muerto, en
uno caballo rey, como si se hubiera movido de donde nació, buscando refugiarse en una
esquina, me percato que el muerto algún día se movió a ese casa, para encontrar el final.
La vaca que protege la diagonal negra, no es más que una guarda tardía, un ángel postrero que
le puse yo, un gesto fútil que memoria la desdicha del hombre y su descubrimiento, la vacuna
anticaries.
Odio las caries, por el dolor y el trance, espantoso, de concurrir al dentista. Pero sospeché
siempre que los dentistas subliman las caries porque es el sostén de su trabajo, y el de todos
los que venden algo para pacificarlas.
Esta vez el amor desemboca en el odio, su trasluz, y la torre negra de ocho caballo rey lo
asesina, al infiel, al pagano, al disidente, al réprobo, al innoble.
Junto a la pileta del baño, en el vaso que se usa para poner el cepillo de dientes y la pasta
dental, la prótesis dental completa es la firma, el sello mafioso.
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