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Villa Gesell, 2021
Los veintitrés alumnos cruzamos sonrisas cómplices, algunos se taparon la boca para no reír,
pero se impuso en el momento el respeto al profesor.
Después cuando se fuera, primero hubieran sido las carcajadas, y como siempre detrás, las
palabras hiposas, que explican para que las risas no parezcan solo una mueca y un sonido, que
las justifican para no dejarlas huir abandonando en un engorroso silencio a los risueños.
Pero no sucedió lo previsible, se interpuso el cierre que golpeó brutal, conmovedor, atónitos de
vernos, de imaginarnos así allí.
“Un caso típico de muerto no reclamado, que quedará en el cajón de algún escritorio, el tiempo
necesario para pasarlo al archivo de los olvidados. Por eso les traje este caso, porque si ustedes
investigan y encuentran algo, quizás el muerto regrese del olvido y sea alguien, aunque siga
muerto”.
Hendiendo el mutismo salí al patio interno y lo vi pasar al profesor hacia la puerta de salida,
caminando erguido, sereno, circunspecto, delante de una estela de sensatez, y fue en ese
momento, en ese preciso , que me nació la duda.
Me dije que este tipo no podía habernos jugado un chiste de la escuela secundaria, cuando a
cualquier escrito que se nos venía encima, cuyo nombre hasta el momento del anuncio por
cierto desconocíamos, al saquen una hoja tenemos composición, a coro contestábamos composición la vaca –
No, no era posible, por burdo, y si me tendía más allá, por ofensivo, y se me metió entre ceja y
ceja que la vaca tenía olor a gato encerrado. Bueno, es un decir, nunca olí un gato encerrado,
no me gustan los gatos.
Por eso, cuando volví al cuarto con baño y cocina que era mi casa, así decía en el cartel cuando
se lo alquilé a doña Elsa, y leí en detalle el ejercicio, me quedé uncido con el título. Y no fue
malo.
Hay que barrer la hojarasca, claro que sin tirarla, por si más tarde se la necesita.
Un hombre es encontrado muerto en una humilde casa del suburbio pobre.
En realidad lo mataron. De tres balazos. Del arma no hay rastros. Vivía en la indigencia, estaba
flaco, quizás desnutrido.
Se me ocurre que como dice el tango, fané descangallado. Pero la imagen es una salida de
pista, no estaba en el sitio del hecho, mejor la omito.
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