REVISTA DIGITAL NUMERO 28 CANDÃS EN LA MEMORIA.pdf

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No queda otro remedio, si no quieres ir a una
residencia o coges una como la mía o te las
arreglas su solín.
Habían pasado casi dos años desde que Solís
le hizo ese comentario, Solís era uno de sus
mejores amigos, casi de su misma edad.
- ¿ Que me dices ahora ?, no me dirás que aún
estás negado a que te atiendan
- No tuve otra elección, no tengo hijos como
tú y eso de las residencias...
- Mis hijos viven su vida, no es que no me
quieran, es que yo quiero vivir la mía y dejar
que ellos vivan la suya, por eso hice caso de
traer a una de “ esas “ como las decían, que
cuidado que pueden quitarte algo, que si la
cartilla bien guardada, luego que si te traen
a toda la familia, nada, todo habladurías, me
quiere como un padre y yo a ella la respeto,
es lo que nos queda, solos caeríamos en dos
días, y para que queremos el dinero.
- Ana María es un poco reservada, al principio me costó hacerme a la idea de tener una
chica en casa tan joven, bueno joven, joven
no es, tiene sus años y dos guajas allá, es de
Perú pero no veas qué remango
Solís y Armando se conocían desde hacía
años, ambos anduvieron a la mar y ambos
entraron a trabajar en Ensidesa, uno viudo
y otro soltero, uno con dos hijos y otro sin
hijos. Casi se jubilaron en mismo año, Solís
enviudó, sus hijos una vivía en Barcelona y el
hijo hizo su vida en Dublín, le gustaba mucho
lo que él llamaba “ genética vegetal “, alguien
le habló de un trabajo en un botánico de
Dublín y hoy es el supervisor de la docena de
hombres y mujeres que allí trabajan.
- Hombre hoy Ana María ya hace les fabes
como cualquiera de aquí, tiene buena mano
para la cocina
- Ya se nota ya, la mía es mucho de caldos,
mezcla verduras que no veas, luego compra
cosas de su país, panela o no sé qué, maté
que se toma con agua hirviendo, y eso si el
pescado como que tengo que recordárselo,
no creas que la gusta mucho no.
Ochenta y tres uno y ochenta y cuatro el
otro, dos vidas en paralelo que hubieron de
contar con la ayuda de “ esas “, mujeres que
llegaron a España a ganarse la vida y enviar
a sus familias algo de dinero. Fueron quizás
repudiadas por parte de una sobria sociedad,
sin embargo la gente mayor se hacía aún más
mayor sin posibilidades de cuidarse solos,
unos porqué los hijos andaban uno por cada
lado y otros porque se sentían viejos y solos.
Esas, eran las que les hacían la comida, lavaban los calzoncillos sucios y ayudaban a
vestirse a “ esos “ que no tenían a nadie para
poder exprimir más años a la vida.
De vez en cuando coincidían en el tiempo
de paseo, Armando se sentía cada vez más
torpe, y si había algo que le prestaba, ese algo
era encontrarse con Solís y sentarse en la
terraza de un bar a tomar una cerveza.
- Venga que llega el buen tiempo, vamos a
tomarnos una cerveza
- ¡ Una cerveza ! ya sabe Ud. que el médico le
quitó el alcohol
- Bueno lo que sea, pero vamos
Tenían un trato con Fran el camarero, por
eso les gustaba parar siempre en el mismo
chigre.
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