REVISTA DIGITAL NUMERO 28 CANDÁS EN LA MEMORIA.pdf


Vista previa del archivo PDF revista--digital-numero-28-cands-en-la-memoria.pdf


Página 1...6 7 891030

Vista previa de texto


COLOR ESPERANZA
Hace tiempo leí un cuento que últimamente
recuerdo con bastante frecuencia. Dice
que Dios tomó forma de mendigo, bajó al
pueblo y fue a casa del zapatero . Le dijo,
soy muy pobre y solo tengo estas sandalias
y están rotas, si tu pudieras arreglármelas,
pero yo no tengo con qué pagarte.. Entonces
el zapatero le dijo, estoy harto de que todo
el mundo venga a pedir y nadie a dar. Dios
le respondió: Yo podría darte todo lo que
necesites para ser feliz. El zapatero replicó
¿ Tú podrías darme el millón de dólares
que yo necesito para ser feliz ? Entonces
Dios le dijo: Yo podría darte diez millones
de dólares a cambio de tus piernas, a lo que
el zapatero respondió: ¿Y para qué quiero
yo diez millones de dólares si no puedo
caminar e ir al monte con mi familia, correr
por la playa o moverme por mí mismo ? Dios
le dijo: Podría darte cincuenta millones de
dólares a cambio de tus manos, y el zapatero
le respondió: ¿Y para qué quiero yo cincuenta
millones de dólares si no puedo trabajar, ni
abrazar a mi mujer o a mis hijos, comer solo
… ?. Bien, dijo Dios, entonces podría darte
cien millones de dólares a cambio de tus ojos.
El zapatero respondió: ¿Y para qué quiero yo
cien millones de dólares, si no puedo ver a
mis hijos, a mi mujer o a mis amigos, el sol
…? . Entonces Dios le contestó: Hermano,
qué fortuna tienes y no te das cuenta.
Soy de los que creen que de todo lo
que nos ocurre en esta vida siempre se puede
extraer algo positivo. Es verdad que a veces, la
vida nos puede golpear duro y muchas veces
llegamos a pensar que no podremos salir de
complicadas situaciones en las que caemos.
Me refiero a casos como la pérdida de un ser

querido, el diagnóstico de una grave
enfermedad, o un accidente de tráfico.
Aunque no lo parezca, la vida siempre nos
echa un cabo para salir del drama. Habrá otro
mañana, otro sol y como dice una preciosa
canción, “volverán los colores al sendero y el
aire nos enamorará al caminar“. La esperanza
siempre vuelve.
Obviamente, desde hace un año,
el mundo ha cambiado sin darnos tiempo
a prepararnos. La aparición en nuestras
vidas de este cruel CORONAVIRUS que ha
generado esta pandemia nos lo ha trastocado
todo, nuestra vida, nuestras costumbres,
nuestra forma de disfrutar, de salir, de viajar.
Puede que haya llegado para amargarnos un
poco la vida o quizá nos sirva para darnos
un toque de atención acerca del sendero
equivocado que pisábamos.
Hemos estado confinados
unos meses en nuestros domicilios. Nos
cambió la forma de ver las cosas. ¡Cuántas
ilusiones quedaron desvanecidas!, ¡cuántos
preparativos, cuántas previsiones se fueron
al garete! así, de un plumazo. Las autoridades
sanitarias han impuesto el uso obligatorio
de mascarillas como medida preventiva. Yo
lo aplaudo. No queda otra. Probablemente
estas mascarillas formarán parte de nuestra
vida diaria por un tiempo indeterminado
hasta que podamos llegar a esa ansiada e
ilusionante normalidad. Hay que adaptarse.
No merece la pena el pataleo.
Quiero aprovechar esta oportunidad
que se me brinda para aportar mi “granín
de arena” y acudiendo de nuevo al zapatero
inconforme, recalcar que aún tenemos
muchas cosas buenas, que aún somos muy

8