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32. El ave solitaria
Antes no sabía nada sobre el karma ni el destino, sigo sin saber, me entretengo y
es divertido, ahora sé que nacer en un mundo lleno de estupideces y de
sufrimiento no es karma, es solo para sanar después.
Todos pensamos lo mismo, quizá por eso es aburrido, redundar y redundar en el
mar de las ideas y contratiempos del destino.
Prefiero estar con mi árbol, ver las hojas caer y volar, tocar las raíces, cobijarme
en el tronco y ver la copa danzar y danzar, que los demás peleen por sus
paraísos, mientras yo veo la energía bailar y toco la tierra porque la tormenta ha
de terminar. Tú eres naturaleza, una partícula del viento, ver y algo más.
Busqué hermanos, los encontré en los árboles, busqué amor y lo vi en la
naturaleza, busqué verdad y encontré mentira, busqué realidad y vi que el humano
no lo es, tal como es. Aprendí que la danza de energía lo es y aún cuando cada
ser la lleva dentro de él, el humano no parece notarlo, no quiere entender.
En esta luna creciente y decreciente que es la danza rítmica del corazón, prefiero
morir sintonizada en él, que en todos los intervalos que buscan sin buscar y
mueren sin vivir.
El ave solitaria solo quiere volar y encontrar con quien danzar, no cree en los
cuentos de la soledad, sabe que un abrazo tiene sabor a eternidad. La caricia del
aire es su compañera, ser temporal es lo que lo hace especial.
