REVISTA NUMERO 27 CANDÁS EN LA MEMORIA.pdf


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ALTO ABOÑO
Amanece lánguido el domingo penúltimo
de febrero. La humedad se adhiere en la parte
exterior de la ventana. Bruma marina y prúa
amenazante. Y un cielo plomizo que no alienta a
la euforia.
No me arredran las circunstancias, echo mano
del paraguas plegable y salgo a caminar. Pasan
minutos de las diez cuando dejo atrás el llagar
de Peñón, inactivo en domingo. Giro en el
desvío de la carretera que lleva a Xivares; noto
la humedad en los playeros causada por la prúa
que se ha vuelto persistente. Capto en mi cabeza
la vanagloria por haber aparcado en esta ocasión
mi tirria irracional hacia el paraguas, porque me
evita, al menos, parte de la pingadura.
Afloran de seguido dudas razonables sobre
reducir parte de la caminata prevista y decido
que no, que le den a la humedad y al mal tiempo.
Hago por no ver el cartel de `Prohibido el paso´
y por la pista particular que une la cantera de
Perecil con la fábrica de cementos accedo a la
subida del alto Aboño.

Hace tiempo que no vengo por aquí y
percibo en el alto una sensación extraña. Faltan
los olivos centenarios, retirados cuando la
autoridad portuaria expropió todas las fincas
con la intención de aprovechar el terreno como
cantera para el relleno del nuevo puerto del
Musel. Menos mal que al final no se llevó a cabo
el proyecto, a pesar de la pasividad que ciertas
autoridades mostraron al respecto. Tampoco
está la escultura de `La Chata´ -retirada por el
mismo motivo- que conmemoraba la visita de la
infanta a Carreño allá en 1915. Dicen que cruzó
el estuario del río Aboño en barca y una vez en
tierra prosiguió camino en carro de vacas – bien
ornamentado claro está- para realizar su visita.
Pero no son estas ausencias las que me producen
la extraña sensación, pues hace años que
fueron excluidas del lugar condenando a éste al
ostracismo. Es como si notara un contrapunto
no advertido en veces anteriores. Caigo en la
cuenta al contemplar el paisaje una vez más, y
asumo que el paso del tiempo concede `status
quo´ a todo aquello que el hombre implanta.
Te acostumbras a verlo así, por tanto, siempre
existió así. Pura ignorancia.
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