REFLEXIÓN CAMPAÑA CONTRA EL HAMBRE.pdf


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Jesús sintió lástima ante la llamada del leproso, alargó la mano y lo sanó.
Hoy, celebramos la campaña contra el hambre con el lema CONTAGIA
SOLIDARIDAD PARA ACABAR CON EL HAMBRE, … Estamos convocados por
la llamada de la ONG, Manos Unidas, organización No Gubernamental de
Desarrollo, católica, de voluntarios. Una ONG que tiene como misión la lucha
contra el hambre, la miseria, la desigualdad y la exclusión; y, sobre todo, contra
las causas que las producen y las estructuras injustas que las mantienen.
Se nos invita a no quedarnos quietos, a “mirar a nuestro entorno, y observar
¡cuántos hombres y mujeres, jóvenes, niños… sufren y están totalmente
privados de todo! Y esto no pertenece al plan de Dios”.
Las cifras son escalofriantes... Cada hora se mueren en el mundo mil niños y
niñas por desnutrición, enfermedad y miseria. Niños que sólo nacen para pasar
hambre, sufrir una enfermedad y morir. Casi 11 millones de niños de menos de
5 años mueren, cada año, como consecuencia directa o indirecta del hambre.
El hambre produce al día 40.000 muertos. Y la situación tiende a empeorar,
más ahora con motivo de la pandemia del coronavirus. un informe del
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo señala que el crecimiento
económico “ha fracasado para la cuarta parte de la población del mundo... de
modo que 89 países están en peor situación económica que hace diez años”.
Preferimos conocer la realidad mediante las estadísticas, que no acercándonos
a ella. Preferimos ver la realidad del sufrimiento por las páginas del periódico,
por la televisión, por las redes sociales…, que no verlas en directo.
Jesús primero deja que el sufrimiento del leproso llegue a su corazón, por eso
“sintió lástima”, y, solo entonces, pudo alargar su mano, tocarle y sanarle.
El dolor y sufrimiento de los demás no duele en las estadísticas. Duele cuando
lo vemos, cuando toca primero nuestro corazón, para que luego nuestras
manos le puedan tocar a él.
Tenemos que acostumbrarnos ver al otro como hermano, de conmovernos con
su vida y con su situación, más allá de su proveniencia familiar, cultural,
social…
Tenemos que construir la historia en fraternidad y solidaridad, en el respeto de
la tierra y de sus dones, sobre cualquier forma de explotación…
Hemos de renunciar al individualismo: recuperar la memoria agradecida y
reconocer que, nuestra vida y capacidades, son fruto de un regalo tejido entre
Dios y muchas manos silenciosas.
Muchas veces no podremos sanar las heridas del hermano, pero sí podremos
llevarle un poco de calor, un poco de humanidad.
El gran problema que tenemos en nuestras relaciones es la insensibilidad
frente al otro. Es esconder el corazón. Y mientras el corazón no siente, las
manos las llevamos en el bolsillo.