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Soncillo, un nombre y una historia
“Vysquieron castellanos grand tiempo mala vida,
en tierra muy angosta, de vyandas fallida,
lazrados muy grand tiempo a la mayor medida
veyense en grand miedo con la gent descreida”.
La gran ofensiva cordobesa había terminado en un fracaso. Es ahora cuando
comienza la repoblación a gran escala y una intensa colonización en la orilla izquierda
del Ebro, desde su nacimiento hasta las Conchas de Haro. Todo estaba por crear y por
construir, en cada momento se podía temer una incursión árabe y había que dejar el
arado y empuñar la espada. Se añadían además las enfermedades, las fiebres, las
cosechas malogradas... ¡Cuántos esfuerzos y fatigas! ¡Cuánta vigilancia constante!
Los colonizadores son abades, que llegan con sus comunidades, o caballeros
seguidos de sus siervos y familiares. Levantan casas y oratorios y cultivan la tierra
haciendo uso del derecho de “presura”. Fueron varios los frentes de irrupción, las rutas
que se siguieron y las zonas de asentamiento:
El abad Vítulo levanta, cerca de Espinosa de los Monteros, la antigua población
de Area Paterniani y organiza el Valle de Mena (800).
El obispo Juan llega a Valpuesta, establece su obispado y extiende sus presuras
por Losa, Tobalina... hasta Miranda de Ebro (804).
El año 814 se registra un suceso que impresionó a los hombres de aquella
época : la emigración en masa de gentes de los Picos de Europa, donde están las
Mazcuerras, hacia Bricia, Campóo y Saldaña.
Bajan por la Braña del Portillo hasta el nacimiento del Ebro, pasan cerca de
Reinosa y, al penetrar en la llanura, se convierten en “foramontanos”. Un grupo se
detiene en Brañosera y consigue carta de libertades (824) del conde Nuño Núñez que
dirige el movimiento.
Por los valles del curso superior del Ebro, extendía su influencia una familia
poderosa que tenía su asentamiento en la parte central de la montaña.
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