la parroquia de soncillo.pdf

Vista previa de texto
Oración a Jesucristo en la cruz
Cada vez que te contemplo, Señor,
desnudo, herido, clavado en la cruz y a
punto de morir; siento en mi interior
cierta ira e indignación por tu cruz y
por tu muerte.
Entonces, sin saber lo que hacían, y
ahora, desconocida y olvidada para
muchos, sigue el olvido de tu amor.
Tú estás pagando por todos,
Tú, el inocente, cargas con todos
nuestros delitos,
Tú les asumes como si fueran tuyos,
Tú solo, aguantas la pena que
conllevan.
Pero cuando tu mirada se cruza con la
mía siento en mi interior el alivio de tu
gracia salvadora, un remanso de paz en
mi conciencia y un profundo y vivo
agradecimiento.
Ojalá que tu mirada me haga descubrir
y comprender este tronco seco, partido,
y roto, en el que se apoya y se basa tu
cruz, del que yo también formé su
parte; símbolo de la humanidad entera,
manchada con la malicia del pecado y
con la muerte.
Pero ante TI no puedo por menos de
recordar la estrofa del pregón pascual,
llena de esperanza:
“OH muerte, seré tu muerte”
“Feliz culpa que mereció tal
Redentor.”
¡OH Señor mío, así de generoso es tu
amor, que me une a Ti, incluso con la
mancha de mi enemistad!
¡Cuánto más será mi unión y tu amistad
de vida, ya renovada con tu gracia
redentora!
A partir de ahora podré exclamar con
la satisfacción de tu victoria:
“La muerte ha muerto en mí”.
Gracias, Señor porque el tronco seco,
vuelve a reverdecer con tu sabia divina,
y ya injertados en él alcanzamos los
frutos de tu resurrección y de tu vida.
Señor..., termino pidiéndote que
aprenda a mirarte, aunque para ello,
mis ojos deban postrarse de rodillas
para poderlo entender desde mi fe.
Amén.
99
