la parroquia de soncillo.pdf

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Esta generación actual comprensiva entre abuelos y nietos ha dejado
también su huella. Aprovecho para saludarles y agradecerles todo su
interés, sus sacrificios e incluso sus donativos que lo hicieron posible.
Después de esta constatación de mejoras relacionadas con la Iglesia me
ha parecido oportuno, incluso de justicia, dejar constancia de aquella obra
grande y mejora por antonomasia, como fue el COLEGIO DE NIÑAS,
construido en el año 1896. Fundamentalmente sirve las necesidades de la
Villa pero cuando había espacio estaba abierto a cualquier niña que lo
pidiera. Estas niñas de otros lugares pernoctaban en él. Tenía además, el
añadido de ser la guardería de niños menores de seis años. Los padres por
razones de su trabajo no podían atenderles debidamente. Les llevaban al
colegio y las religiosas les atendían. Por la tarde venían a buscarlos.
Pretende ser la solución de una de tantas necesidades más apremiantes y
dolorosas por las que pasan los pueblos, en este caso viéndose desbordados
por el abandono en que se encuentran los niños. Las escuelas existentes se
han quedado pequeñas. El problema de la enseñanza es muy grave. Se
constata fácilmente que los pueblos a finales del siglo XIX alcanzan unos
niveles de población infantil excesivamente altos. Han roto todas sus
posibilidades y las consecuencias que se esperan son muy graves. Todavía
resulta doloroso escuchar a algunas personas mayores de ochenta años,
entonces niños, contando aquellas situaciones. Era normal llegar a la puerta
de la escuela que estaba abierta y no podían entrar más niños. En otras
ocasiones si se podía entrar no había ni sillas ni bancos para sentarse.
Debían hacerlo en el suelo. La matrícula de los niños no se podía precisar
porque algunos no estaban escolarizados. Con todo podía acercarse
alrededor de 100 niños.
Por otra parte los recursos económicos de las familias son muy escasos.
La agricultura y la ganadería rinden poco. Allá si llegan a satisfacer una
mínima subsistencia, cuanto menos el costo adicional del pago de unos
colegios fuera del pueblo. Estas pretensiones eran impensables.
Ante situación tan dramática no deja de ser profundamente revelador que
ahora como en otras tantas ocasiones y por razones distintas la resolución
de estas necesidades haya surgido de unas personas profundamente
creyentes. Dentro o muy cerca del seno de la Iglesia. En este caso
escucharon en su alma aquel sermón de la montaña en el que el Señor habla
de las obras de misericordia dedicándole una a “enseñar al que no sabe”. ¡Y
manos a la obra! ¡Que bien le pusieron en práctica!
En esta tarea encontramos a cuatro señoras providenciales. Cada una con
una misión determinada pero con la única finalidad de combatir esta lacra
que hoy nos horroriza y sobre todo con su ayuda material para la
construcción y el mantenimiento del colegio.
La primera de todas fue DOÑA FRANCISCA GOMEZ SALAZAR que
con una visión profundamente humana y cristiana afronta el problema. Se
encarga de la construcción del colegio y de todo lo que lleva consigo.
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