EL BEATO PADRE ALFREDO PARTE Y SU PATRIA CHICA.pdf


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llevándole a la bodega del barco Alfonso Pérez, anclado en la bahía de Santander. Pudo disimular su
condición de sacerdote pero, ante la pregunta de qué era, confesó en voz alta oyéndolo los
compañeros de bodega: “Soy sacerdote Escolapio de Villacarriedo”. Y le fusilaron. Era el 27 de
diciembre de 1.936.
BEATIFICADO. Ante los datos claros de su martirio, Juan Pablo II le beatificó en Roma, junto con
otros doce escolapios, el 1 de octubre de 1995.

EL BEATO P. ALFREDO PARTE Y SU PAISANAJE
Como bien sabes, Cilleruelo de Bricia es el lugar de su
nacimiento y pertenece a esta comarca, relativamente
pequeña del norte de la provincia de Burgos. Limita
por el norte con el valle de Valdebezana, que es el
centro geográfico de la zona. Las montañas que le
forman, son a su vez las estribaciones onduladas sobre
las que se apoya la meseta superior conocida con el
nombre de somo-arriba. Justo en el mismo somo se
encuentra el pueblo del Beato. Aunque queda en un
lateral, dista aproximadamente unos 20 kilómetros de
los distintos pueblos que lo forman. La distancia no es
grande y contribuye a que muchas personas se
conozcan. Que haya relaciones sociales, familiares y
Vista panorámica de Cilleruelo de Bricia
de todo tipo entre los pueblos. En definitiva que se
consideran paisanos unos y otros. Es de suponer que en tiempos del P. Alfredo las relaciones fuesen
menores. Los pueblos estaban más cerrados, pero que existían, incluso con todos los pueblos de la
comarca, ni que decir tiene. Los seres humanos somos así y si cabe, un poco más, los que
dignificaron tanto la naturaleza humana y las relaciones con los otros, como han sido los santos. Con
toda verdad podemos hablar de paisanaje del P. Alfredo. Los vínculos de la tierra, sus noticias, sus
costumbres, sus modos de vida que en ellos se dan, nos van marcando a todos con pocas diferencias.
Y cuando se refieren para el bien, menos. Todo esto empieza a vivirse desde el nacimiento y crece
cada día en la relación con los demás. En definitiva que el P. Alfredo compartió un trocito de su vida
y de esta tierra con su pueblo y con los pueblos de la comarca.
Por supuesto que no queremos patrimonializar absolutamente su persona porque sabemos que los
santos son de todos y están al servicio de todos. Pero sí reivindicar lo que significa en su justa
medida la proximidad y afinidad que con ellos tenemos. Y a partir de esto, aún siendo de todos, le
consideramos un poquito más nuestro. No es ninguna arrogancia. El prójimo es siempre el próximo.
Somos conscientes de que estamos andando por los caminos y carreteras que él anduvo, incluso hasta
pisando algunas de sus huellas o arrancando algún tallo de la nogala centenaria de su pueblo.
Un grupito de personas de la comarca estuvimos presentes en Roma el día se su beatificación.
Desde allí, centro universal y distante, nos parecía que el pueblo del Beato era el nuestro y que toda
la comarca era la patria chica de él. Comprobamos fácilmente cómo los vínculos del terreno entonces
nos unían a todos y ahora lo mismo. Por eso queremos mantener y avivar este deseo con él. Su
presencia es invisible pero real. Un habitante más de la comarca, en nuestra mente y en nuestro
corazón.

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