REVISTA 20 CANDÃS EN LA MEMORIA.pdf

Vista previa de texto
“CANDÁS A TRAVÉS DE SUS PAISAJES”
“Palabras ofrecidas a Carreño”
Quizás la madrugada nos deja sus avisos con toda su tristeza. Nos deja sus avisos, sus angustias,
cansancios de la vida siempre dura y acaso puñaladas a deshora: los viejos pescadores descienden
a los puertos, vencidos por el sueño. Vencidos por el sueño, por el frío, los viejos pescadores, como
antaño, regresan a esos mares solitarios.
Las horas de la noche evocan esos tiempos que vieron los abuelos. Las sombras, al mirar en las
alturas el brillo de una estrella peregrina, sospechan esa helada que nos hiere. Los puertos saben
siempre que queda en lo lejano el brillo de una estrella. Y el alba nace pronto sobre el piélago,
llegando con la capa luminosa de reina en los palacios celestiales.
Y, reina en sus palacios, el alba nos invita, nos llena con su júbilo. Qué bello es el color, cuando
amanece, del mar donde se miran las espumas, princesas en la magia de un espejo. No es poca su
alegría: su luz nos muestra el mundo, nos dona su regalo. Y el caso es que el regalo es la poesía del
verso en que se evoca la mañana que nace en ese mar acostumbrado.
DEDICATORIA:
A todos los que aman el brillo
del alba sobre
el mar
José Ramón Muñiz Álvarez
“EL ALBA LLEGA RÁPIDO”
El alba llega rápido,
corriendo los espacios,
cruzando el aire limpio.
Las viejas humedades siguen siendo
como esos testimonios de neblina
que envuelven la emoción en lo profundo.
Y vemos en Carranques
las olas, cuya prisa
se vuelve en el destino de la arena.
Y el sueño de la muerte se hace arena,
le pone fin al beso de la espuma.
III
Y vemos, hacia Luanco,
Candás en primer término,
después ese Antromero
que sabe presumir con el islote,
que juega con el brillo del islote,
luciéndolo en los mares del Cantábrico.
Y queda oculto el faro
de Peñas, ese faro
que vive contemplando un horizonte
que sabe a marejada cuando hay viento,
que sabe a lluvia y muros de caliza.
II
Y veis aquellas lanchas
que quedan a lo lejos.
Tal vez esos pesqueros
no saben los secretos que en el alba
dibujan los caprichos de los mares
-o acaso no sospechan que los cielos
dibujan sus colores
en ese mar callado-.
El día que comienza se hace día,
rompiendo los cristales de la noche
-¿rompiendo sus cristales o cortinas?-.
IV
Y vemos los pesqueros,
los barcos que faenan,
la gente que trabaja.
Y el alba va perdiéndose de golpe,
torrente que inaugura esa mañana
que sueña con el sueño de un amante.
Los mares son amantes
que, alzando sus cuchillos,
no temen en sangrar, con su dureza,
con toda su maldad, a quien se atreve
a ser un invitado en esos reinos.
I
18
