REVISTA 20 CANDÃS EN LA MEMORIA.pdf

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III
“EL DÍA SE HACE DURO”
Hablar de los licores,
del vino y de la sidra,
quizás de las tabernas
que saben de los hombres de otro tiempo,
que vieron a los hombres de otro tiempo,
que existen por los hombres de otro tiempo.
Y pasa la mañana
Y ve callado el faro.
¿Y ve callado el faro la mañana?
La luz del sol es única, y el cielo
no pide de los brillos de los faros.
IV
Y en estas soledades,
de mares que se apartan,
el beso del salitre.
El beso del salitre es siempre nuestro,
que el verso que se pierde en el salitre
condensa lo que somos, desde el alba.
La esencia que nos hizo
nos sabe a mar y a brisa,
nos sabe a inteligencia de esos pájaros
que vuelan sobre el mar, gaviotas mías
que quieren paraísos para todos.
V
Y grita en Entrellusa
sus nombres la mañana,
digamos que Carranques.
Y quiero imaginarme en esos mares.
Y sé que soy el mar, cuando me miro
en ese mar que besa lo que besa,
que sabe que me besa
la voz de sus espumas,
eterno canto blanco de tristeza,
llorando siempre a todos los que faltan
en estos universos de los mares.
VI
Y vive la esperanza
del vino merecido
por esos chigres pobres.
La vida es el cansancio que nos llena
si somos en el mar como el pequero
que busca los paisajes de la vida.
Y todos los paisajes
que llenan nuestra vida
son siempre los paisajes de la costa,
son costas que reviven en nosotros,
lugar para el albatros, cuando vuela.
VII
Y siento que los ocles
perfuman el ambiente,
se mezclan con nosotros.
Y digo que los ocles son los ocles,
las algas de ese mar imaginado
como una madre mala que nos mata.
Y pienso en lo profundo.
Acaso me imagino
que habito lo profundo, y lo profundo
me abraza con el halo de los sueños
que suelen ser indicio de la muerte.
ESTAMPAS DE CANDAS (CARREÑO)
Las horas que discurren detrás de la ventana nos hablan
del paisaje. Son lentas esas tardes de domingo, son
lentas esas tardes de septiembre que quieren abrazar
una añoranza. Y sé que la añoranza fue tiempo de
verano. Los baños en los mares del Cantábrico, las olas
en los mares del Cantábrico, la arena en esos mares del
Cantábrico…
Candás llora la pena que quieren los otoños en días tan
ambiguos. El sol no es el de agosto, desde luego, su fuego
se apagó y su luz, callada, se torna en lo lejano un algo
débil. Y quiero que la tarde recobre nueva fuerza: lo
cierto es que el otoño venidero nos habla, con su aliento
desatado, del oro de la Fuente de los Ángeles.
Son tardes de la infancia perdidos en los años, dejados
en la fuente. Recuerdo esos otoños que el olvido permite imaginar con otra forma, distintos pero iguales,
si los hubo. Y pienso en esas playas que siguen siendo
mías. No quieran arrancármelas los vientos que llegan
con noviembre y nos azotan, si llegan de los reinos del
Atlántico.
2020 © José Ramón Muñiz Álvarez
“Candás a través de sus paisajes”
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