REFLEXIÓN DOMINGO V DE PASCUA.pdf

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Tengo esperanza que esto va a cambiar positivamente… Ya se empieza a notar… en nuestras
parroquias y se nota… Tenemos un maravilloso grupo que está haciendo Iglesia, comunidad…
dedicando mucho tiempo a los servicios que la vida de nuestras parroquias requieren…
Apoyémoslos…¿quién se atreve a unirse a ellos???... No nos quedemos a la puerta
reconociendo, SÍ, lo mucho y bien que están haciendo; en la catequesis, con los jóvenes, en
Cáritas, en la gestión económica, en la organización de campamentos, en el mantenimiento y
limpieza de nuestros templos, en el trabajo de acogida a los inmigrantes, a las familias
desestructuradas y “sin papeles”, en el apoyo escolar… Se necesitan más voluntarios, que sepan
“compartir” algo de su tiempo en bien de la comunidad… Para que sea, de verdad, una comunidad
de piedras vivas…
Para llevar a buen fin todos nuestros proyectos y una comunidad parroquial viva y fraterna, como
los primeros cristianos, necesitamos de María, nuestra Madre:
Necesitamos madres, que sepan estar ahí, como María:
para el amor y el dolor; para la ternura y enjugar las
lágrimas; para curar las heridas y aguantar la cruz;
para acompañar a un enfermo; para recibir a quien
se alejó y enseñar a rezar; para estar donde hace
falta y cuando hace falta; para callar y guardar los
secretos del corazón; para aprender a esperar y
estar cuando el alma duele; para buscar al que se
perdió y comprender silencios y palabras. Porque
para todo… ahí está la Madre.
Danos, Señor, madres cristianas, como María, tu
Madre.
Madres que sepan decir sí a la verdad,
Madres que nos busquen cuando nos perdemos,
Madres que nos dejen ser hijos, que sepan esperar y confiar.
Madres que sepan callar...y facilitar nuestra libertad.
Madres que sepan estar en segundo plano,
Madres que sepan rezar y llorar por sus hijos
Madres que no se avergüencen nunca de sus hijos.
Madres que sepan decir palabras bonitas en los momentos difíciles.
Madres que nos enseñen a amar y a amarte.
Madres que nos enseñen lo que es amar sin medida.
Madres... Madres...
Sí, Señor, en esta sociedad tan fría y materialista,
danos madres que sean mujeres santas y fuertes;
Sí, Señor, en este momento duro y difícil, por la invasión del covid-19,
danos madres que sepan estar, como María,
al pie de la cruz, al pie de la vida de sus hijos,
hospitalizados, confinados y solos….
María, madre todos los hombres y mujeres,
acompaña, en el trance de la muerte, a tantos miles de personas,
que en la soledad provocada por la pandemia,
sin la presencia de los suyos, dan el paso a la Vida…
