REFLEXIÓN DOMINGO V DE PASCUA.pdf

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Aquellos primeros cristianos tomaron conciencia de su capacidad de acción en la comunidad
cristiana, y esa conciencia se refleja en los escritos que nos dejaron.
Luego, con el paso del tiempo, todo esto se fue perdiendo y fue apareciendo el protagonismo
clerical. Y, entonces, el cura lo hacía todo o casi todo en la comunidad cristiana. Los demás
cristianos estaban de oyentes. Y los frutos de esa práctica excluyente aún los estamos
padeciendo en la vida mortecina de muchas parroquias, que hasta se escandalizan del
“protagonismo”, en el buen sentido de la palabra, que empiezan a tener, positivamente, gracias a
Dios, algunos laicos.
Entre todos tenemos de provocar un cambio de
mentalidad… porque la Iglesia tiene que empezar a
dejar de ser “un asunto de curas y monjas”, para
convertirse en la comunidad de todos los que se
sienten seguidores de Jesús.
Los sacerdotes hemos de renunciar a tanto
protagonismo, y creer en los laicos… La Iglesia no es
nuestra. No hemos de acapararlo todo. Al contrario,
una de nuestras tareas más importantes hoy, digo del
ministerio sacerdotal, ha de ser animar, estimular y
coordinar la responsabilidad de todos…
Los laicos, por vuestra parte, tendréis que superar la
pasividad y la inhibición cómoda
de quien se instala en la Iglesia como “espectador” o
“cliente”, dispuesto a recibir, pero no a aportar… Y
todos podemos y debemos aportar mucho…
Si alguien me preguntase cuál ha sido la mayor de las herejías y la que más daño ha hecho a la
Iglesia a lo largo de su historia, creo que respondería, sin vacilar, y que está tan extendida todavía
hoy, que la “Iglesia son los curas y los obispos”, y que los seglares serían simplemente oyentes,
los que se limitan a obedecer y cumplir lo que los curas guisan y comen ellos solos…
Nada más grave podría pasarle a una comunidad que tener el 98% de su cuerpo paralítico…La
verdad es que teológicamente siempre estuvo claro que la “Iglesia somos todos los que hemos
sido bautizados y creemos en Jesús”, pero, a la hora de la práctica, las cosas han sido y siguen
siendo, todavía, bastante restringidas.
Los cristianos de la Iglesia primitiva no entenderían esto. Para ellos era claro que convertirse al
evangelio era incorporarse vitalmente a la acción misionera de la Iglesia. Predicaban los
sucesores de los Apóstoles, pero ayudaban todos, participaban todos en el crecimiento de la
comunidad…
Hoy, aún, estamos lejos de que esto se haga realidad entre nosotros… Hay que iniciar una nueva
historia en la que hay que dar muerte al clericalismo de los curas y a la comodidad de los
seglares. Porque en un mundo que cuenta con seis mil millones de habitantes, de los cuales, al
menos, mil quinientos millones no tienen fe alguna, no parece demasiado inteligente, que el 98 %
de los cristianos siga pensando, que eso de la evangelización es una cosa que hace dos mil años
encargó Cristo a los curas…La Iglesia es de todos y la hemos de hacer entre todos.
La comunidad cristiana es como un edificio, como un templo de Dios, y todos nosotros somos
piedras vivas. Pero no se nos olvide que la piedra angular, la piedra importante,
la piedra sobre la que nos apoyamos todos es Jesucristo. No hay otra. Por Jesús conocemos a
Dios, nuestro Padre, y nos disponemos a llevar una vida de amor a Dios y de servicio a nuestros
hermanos.
Proclamamos que él es el camino, la verdad y la vida, como nos dice el Evangelio de hoy…
Habrá otras gentes que elijan otros caminos… Pero nuestro camino hacia Dios pasa por
Jesucristo. Y esto es lo que celebramos y saboreamos en cada eucaristía.
