REFLEXIÓN PARA EL TERCER DOMINGO DE PASCUA (1).pdf

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“Quédate con nosotros…” Era una petición obligada.
Aquellos discípulos ya no podían estar sin él. Él tenía palabras de vida eterna. Sin él
todo volvería a resultar vacío y triste. Si él se iba, la noche y la oscuridad se les volvía
a echar encima.
“Se quedó…” Por algo Jesús es el Enmanuel “El Dios con nosotros”. Él está
deseando que le invitemos.
Y después de las palabras vendrán los
gestos amistosos: el partir el pan y la
entrega. Y esto aclara definitivamente las
cosas.
Cuando se parte el pan, cuando
desaparecen los egoísmos, cuando
compartimos la amistad… es cuando se
nos abren los ojos y podemos reconocer
a Cristo; es cuando, de verdad, Cristo, se
hace presente y vuelve la alegría, el
entusiasmo y la esperanza.
A Cristo se le conoce al partir el pan, porque Cristo es pan que se parte y se comparte.
Así, el cristiano tiene que ser pan para el mundo…
“Y comienza el camino de vuelta…”
Si la marcha hacia Emaús fue un camino de desesperanza, la vuelta de Emaús fue un
camino ilusionado. El reencuentro con Cristo transformó a los discípulos en apóstoles.
Ni un momento más en Emaús.
Corriendo des-andaron el camino, porque tenían una gran noticia que comunicar. El
gozo que llevaban dentro les resultaba incontenible.
Hay que decir a todos los que dudan, que CRISTO VIVE;
Hay que decir a todos los que sufren, que CRISTO HA RESUCITADO;
Hay que decir a todos los que buscan, que CRISTO SE DEJA ENCONTRAR.
Ésta ha de ser nuestra tarea. Nosotros, como los de Emaús, encontramos a Cristo,
escuchamos su Palabra y partimos el pan.
Después de recibir sus enseñanzas y su alimento, hemos de salir entusiasmados,
tratando de dar testimonio de lo que hemos visto y oído.
Son muchos los que esperan un poquito de nuestra luz, convencidos de que quien da
la vida por los demás, se hace uno con
la Vida…
No temamos... Seáis quienes seáis,
estéis como estéis, creáis o dejasteis
de creer…, que la Paz esté con
vosotros. La Paz que hace que nos
desahoguemos y fluya de nuestro
corazón el amor, la compasión, la
proximidad, la compañía… Y que
cuando esta situación del coronavirus
se acabe podamos volver a la
comunidad para celebrar y vivir la
alegría de Resurrección compartida.
