REFLEXIÓN PARA EL TERCER DOMINGO DE PASCUA (1).pdf

Vista previa de texto
“Esperaban que él fuera…. esperaban que él les librara…”
Esperábamos, pero hemos llegado al fin de muchas ilusiones. Y hasta terminamos
desconfiando de los ideales, de los proyectos…
Esperábamos que se lograría un mundo más justo, pero todo sigue igual o quizá peor.
Esperábamos que el cambio político renovaría
la sociedad,
que la mejora económica del país acabaría con
el paro y la pobreza,
que nuestra democracia acabaría con la crisis,
que nuestros políticos solucionarían todos los
problemas sociales, que diera como resultado,
un mundo mejor, a una sociedad más humana
y fraterna…
y… surge la desilusión…las frustraciones.
Por lo tanto, en esta situación de confinamiento obligado, ahora, como los de Emaús,
nos viene a la mente que lo mejor es olvidar y alejarse. Lo que da como resultado una
falsa esperanza…Por no esperar lo que Jesús da, la desilusión está
asegurada.
Esperábamos… ¿pero cuántas de estas esperanzas han muerto?
Al final los discípulos de Emaús encontraron en su camino al Señor. Y el Señor, al que
aún no conocían, les preguntó: ¿Qué conversación es la que traíais por el camino? Y
ellos le cuentan todas sus desilusiones…
Y ahora, también el Señor nos pregunta a nosotros de qué hablamos por el camino de
la vida, confinados y en familia…¿qué le respondemos?
Mira, Señor, hablamos de las cosas que pasan…
Hablamos de la crisis, de la política, de los problemas económicos: el paro, los
precios, el €uro, la vivienda, los gastos.
Hablamos del gobierno, de la TV, de los deportes, de los problemas del mundo, de los
jóvenes, de los artistas, de la Iglesia, de los curas. Hablamos de las drogas, del sida,
de la moda, del covid-19…
