REVISTA NUMERO 18 CANDÁS EN LA MEMORIA.pdf


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EFECTO MARIPOSA
Es domingo. Quince de marzo. Esta
madrugada entró en vigor el decreto de
estado de alarma en nuestro país. Cuarentena,
restricciones, confinamiento. Me levanto
avanzada la mañana; turno de noche. Salgo
unos minutos de casa en busca del pan. El
silencio acapara la calle de San Antonio. No
es el silencio habitual. Es un silencio nuevo,
desconocido, transmisor del temor de la
gente. Es el silencio del miedo. Me cago en
todos sus muertos al puto virus que lo ha
causado.
Noto el pesor sobre los hombros que
las malas noticias me produce. Tengo
pensamientos encontrados. Parece como
si los dioses -si es que los dioses existenhastiados del egoísmo y la insolidaridad que
poco a poco se han acomodado en nuestra
sociedad, hubieran decidido darnos un toque
de atención y someternos a un castigo. Nos
creíamos superiores, invulnerables, y de
repente un ejército microscópico de inertes
bichitos, que necesitan fagocitar nuestras
células para sobrevivir, nos bajan de la peana
egocentrista donde nos habíamos instalado.
No sé.
Poco a poco mi cabeza va dejando de lado
las imaginarias deidades y sus hipotéticas
resoluciones pasando a tomar consistencia
en ella la idea de si no será un experimento
de las élites gestoras de este mundo. De
ciertas castas que controlan gobiernos y que
su única ambición es el poder que genera la
riqueza. Siempre anhelaron el control sobre
un mundo global y quizá esto sea una prueba
de lo que son capaces de hacer. Generan una
alarma real, contagios y muertes incluidos,
la expanden por el mundo y el miedo hará
el resto. A partir de ahí nos tiene donde
quieren, sometidos a lo que nos digan.
Quizá el experimento se les haya ido de las
manos en su afán de acaparar o mantener la

la supremacía económica mundial.
Dicen los oficialistas que el virus `saltó´ de
forma natural de un animal al hombre en
la ciudad china de Wuhan. Yo tengo la sensación de que la mano del hombre le facilitó
el trampolín adecuado para dar el excepcional salto. Es sólo una sensación.
Apenas son dos las personas que me cruzo en
El Cueto y Valdés Pumarino. Los bares están
cerrados. La cosa va en serio. Sería bueno
en el futuro, cuando esto pase, hacernos un
examen colectivo de conciencia, quizá así nos
implicaríamos más ante el sufrimiento de esa
otra gente que sube a una patera, huye de las
guerras, muere de hambre o de ciertas enfermedades cuyas vacunas hace mucho tiempo que están descubiertas. Quizá habrá que
replantearse qué nos debería abanderar el día
de mañana: lo valores humanos o la usura de
los mercados.
De vuelta a casa me paro tras el museo Antón
y miro hacia Socampos. Intuyo el banco de
hormigón tras la Cabaña. En mi primer paseo poscrisis me sentaré en él a disfrutar de la
imagen de cortejo que desde allí ofrecen mi
pueblo y la mar.
El `efecto mariposa´ es un antiguo proverbio
chino que dice que el simple aleteo de una
mariposa puede cambiar el mundo. Lo que
ahora sucede no está generado por unas alas
de mariposa, pero...
Es domingo. Quince de marzo y esto acaba de
comenzar.

Escrito de José Carlos Álvarez

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