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larmente, ensayo con la banda y organizo el tour. Toda una vorágine de
ansiedad desatada.
Ese mismo año soy invitado por Sebastián Muñoz, a ser parte de la Corporación Cultural CIDA, institución en la cual se intentan aprovechar
las experiencias en gestión de todos los involucrados en pos de crear
una empresa de promoción cultural para Chile y toda la región.
Llega la hora de partir a la gira, lo cual siempre es una locura. Primero
viajamos el baterista Tomás García y yo, arribando al Aeropuerto “Heathrow” de Londres. Ese año los ingleses votaron a favor del Brexit, lo
cual significa la salida del Reino Unido de la Unión Europea, así que
circulan comentarios de que el control inmigratorio en Londres es más
severo.
Me preocupo entonces de tener todo en orden: dinero en las tarjetas,
reserva en un hostal para el primer día en Londres, en el Rest Up, cerca
de la estación “Elephant and Castle”, más una carta de invitación de
Lee Dowling de Nottingham como salvoconducto a usar en el Aeropuerto, en caso de alguna pregunta incómoda. Antes hacemos escala sin
problema en el Aeropuerto “Charles de Gaulle” de París, pero ya en
“Heathrow”, en la fila para pasar la policía de inmigración, los agentes
de control se dan cuenta que venimos juntos, por lo que endurecen su
actitud y nos retienen, haciendo demasiadas preguntas. Finalmente deciden trasladarnos a una sala de espera para revisar los equipajes de
carga. Allí llegan 2 policías, uno con turbante árabe y el otro un inglés
promedio. Revisan la guitarra, los discos de THORNAFIRE y nos preguntan a qué venimos, si venimos a tocar música. Nosotros declaramos
que venimos de vacaciones a tocar un poco en casa de amigos y que
los discos son de una banda de la cual somos fanáticos. Lo gracioso
es que aparezco en las fotos de los discos, y cuando ellos despliegan
el Back Drop de 6x2 metros, con el logotipo de THORNAFIRE, tan
sólo explicamos que somos megafans de aquella banda. La situación se
vuelve tan insólita como absurda, así que los policías repiten preguntas y revisan los equipajes dos veces más. Nos retienen alrededor de
5 horas hasta que llega una mujer policía informando que la gente del
aeropuerto está reunida viendo el caso y en 20 minutos más sabremos el
veredicto. Efectivamente, 20 minutos más tarde, llega un policía pelirrojo exclamando groserías con un júbilo inesperado, dado el trato que
nos habían dado, para informar que ingresamos a Inglaterra, haciendo
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