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Capítulo I
Infancia y Educación
Uno no es tan individual ni absolutamente responsable de la construcción de una identidad propia, como puede pensarse o profesarse, pues
uno está compuesto, además de sus convicciones, por conductas adquiridas, siendo permeado por la cultura que nos rodea, ya sea a través
de antiguos refranes que se oyen como remate final e ilustrativo de
alguna situación cotidiana, como así también a través de la sabiduría
popular transmitida por aquéllos con los cuales uno se relaciona, y
de las situaciones que uno vive y resuelve diariamente. La existencia
fácilmente podría etiquetarse como una ilusión, pues muchas veces
nuestro sedentarismo, el acceso a comodidades y la posibilidad de sustentar aquéllas nos hacen pensar que tenemos una vida real, cuando
todo lo que hacemos es simplemente convivir como una manada ciega
regida por los mandamientos de quienes mantienen el status quo para
solventar sus propias y verdaderamente acomodadas vidas. Educados
por ellos, contenidos escolares y directrices laborales mediante, para
proveer sus necesidades a costa de las nuestras, compensándonos con
acceso al crédito y la deuda, como si aquello fuera un privilegio, siendo
realmente nosotros la carne molida con que preparan sus hamburguesas. Pero existe algo más allá de tanto límite impuesto como legítimo
y que estamos obligados a acatar como un sino fatal e inevitable; algo
que nos hace ser humanos conscientes que realmente ocupamos el cerebro para pensar por nosotros mismos y rebelarnos ante tan decadente
expectativa. En todos estos años viajando por Sudamérica y Europa, he
observado que durante la mayor parte de sus vidas la gente permanece
y subsiste en un solo lugar, me he dado cuenta que a veces mencionar
con propiedad la pertenencia a un lugar, a una corriente de pensamiento o al color de una bandera, en lo práctico, tiene más que ver con
la costumbre de abrir los ojos casi todos los días bajo un mismo techo.
Por lo tanto, según la educación y valores que se te inculcaron desde tu
más tierna infancia, desde el oculto punto de vista de lo correcto que es
servir al capital, la única explicación que recibes, es que ese mecánico
sedentarismo es la realidad que te tocó vivir y sólo puedes satisfacerte a
través de ella, arreglándotelas por ti mismo. E ilusamente la gente acata
y enviste esa “verdad” con la mayor importancia para que valga la pena
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