DEL BURGO JI Arzallus o la reencarnación de Sabino Arana. Voz Populi, marzo 2019 .pdf


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Yerra Urkullu cuando pide a todos los vascos que reconozcan a Arzallus por haber sido un
impulsor de lo que es Euskadi desde el inicio de su institucionalización.

Arzallus no tardaría en tomarse la revancha. Carlos Garaicoechea, el primer lendakari de la
historia democráticamente elegido, en 1985 tuvo que salir de Ajuria Enea por la puerta de
atrás a causa de las maniobras maquiavélicas de quien sin duda se propuso corregir su
“ligereza” al haberle propuesto como presidente del partido en 1977. Tras la caída de
Garaicoechea, Arzallus se convirtió en el factótum indiscutible de la política vasca. A él se debe
el triste honor de haber apuntalado el régimen nacionalista gracias a la “entente cordiale” con el
terrorismo de ETA. En esto no engañó a nadie: “Ellos mueven el árbol, nosotros cogemos las
nueces”.

Desde luego, Iñigo Urkullu, presidente del Gobierno Vasco, demuestra la concepción
totalitaria del nacionalismo vasco cuando tras la muerte de Arzallus proclamó: “Todos los
vascos deben reconocer el legado de Arzalluz “más allá de las ideologías”.

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