DEL BURGO JI Arzallus o la reencarnación de Sabino Arana. Voz Populi, marzo 2019 .pdf


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pactar por separado con el Estado, el sueño de Euskadi como nación tendría que esperar.
Votar una Constitución cuyo fundamento era la unidad de España era el suicidio político para el
nacionalismo. Así que había que bajarse como fuera del tren constitucional. El mismo día del
debate y votación de la disposición adicional, Garaicoechea llamó a Arzallus. Y así relata en
sus memorias lo ocurrido: “Cuando yo le transmití a Arzalluz que no podía emitir ese voto en la
comisión constitucional, él me explicó la dificultad que implicaba ir contra corriente en aquel
clima de presión ambiental. Prosiguiendo la discusión en un momento determinado me dijo que
estaba hablando desde una cabina y se le estaban acabando las monedas. Se cortó la
comunicación, vino el voto favorable y luego vino una rectificación que fue incómoda para
todos. Quizá ahí está el germen de determinadas actitudes posteriores”.

Arzallus y Herrero de Miñón redactaron de consuno lo que sería la
enmienda 689 donde se reclamaba la reintegración foral de Álava,
Guipuzcoa, Vizcaya y Navarra
Pero Garaicoechea impuso su autoridad y en el Pleno Arzallus se vio obligado a rectificar y
votaron en contra de la disposición adicional. En el Senado se trabajaría hasta la extenuación
para alcanzar un acuerdo satisfactorio para todos. Esta vez Garaicoechea se fue a Madrid y
siguió el debate final desde la tribuna de invitados. En el último minuto el senador por
Madrid Joaquín Satrústegui, guipuzcoano monárquico-liberal, presentó una enmienda in
voce cuyo texto parecía satisfacer a Mikel Unzuelta, portavoz del Grupo nacionalista, que había
estado con Arzallus en las conversaciones con Herrero de Miñón que condujeron a la
enmienda 689. El presidente Antonio Fontán le preguntó si su Grupo aceptaba la enmienda. En
medio de una gran expectación, el portavoz nacionalista subió a la tribuna de oradores. Antes
de tomar la palabra elevó la vista al “gallinero” donde se encontraba Garaicoechea. Este
gesticuló enérgicamente ordenándole votar no. Visiblemente molesto, Unzueta se limitó a decir:
“Recibo la indicación de respuesta negativa”. (Sesión de Y dicho esto abandonó la tribuna. La
suerte estaba echada. El PNV tenía la excusa perfecta para recomendar la abstención en el
referéndum constitucional.

Años más tarde, Carlos Garaicoechea dedicó a Arzallus estas duras palabras: “Fue el único
nacionalista que votó sí a la Constitución y tuvo que rectificar porque se lo ordenó la dirección
del partido” (3 de octubre de 1994).

Javier Arzallus, reelegido diputado en abril de 1979, actuó según los dictados de Garaicoechea
que fue a quien el mundo nacionalista debería reconocer la gloria de haber sido el creador del
actual estatus autonómico que le permitió emprender la “reconstrucción” de la nación vasca.

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