EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO (1).pdf


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han tomado parte en el Sínodo de los Obispos, alabo y aliento a las numerosas
parejas que, aun encontrando no leves dificultades, conservan y desarrollan el
bien de la indisolubilidad; cumplen así, de manera útil y valiente, el cometido a
ellas confiado de ser un «signo» en el mundo —un signo pequeño y precioso, a
veces expuesto a tentación, pero siempre renovado— de la incansable fidelidad
con que Dios y Jesucristo aman a todos los hombres y a cada hombre. Pero es
obligado también reconocer el valor del testimonio de aquellos cónyuges que,
aun habiendo sido abandonados por el otro cónyuge, con la fuerza de la fe y de
la esperanza cristiana no han pasado a una nueva unión: también estos dan un
auténtico testimonio de fidelidad, de la que el mundo tiene hoy gran necesidad.
Por ello deben ser animados y ayudados por los pastores y por los fieles de la
Iglesia.
La más amplia comunión de la familia
21. La comunión conyugal constituye el fundamento sobre el cual se va
edificando la más amplia comunión de la familia, de los padres y de los hijos, de
los hermanos y de las hermanas entre sí, de los parientes y demás familiares.
Esta comunión radica en los vínculos naturales de la carne y de la sangre y se
desarrolla encontrando su perfeccionamiento propiamente humano en el
instaurarse y madurar de vínculos todavía más profundos y ricos del espíritu: el
amor que anima las relaciones interpersonales de los diversos miembros de la
familia, constituye la fuerza interior que plasma y vivifica la comunión y la
comunidad familiar.
La familia cristiana está llamada además a hacer la experiencia de una nueva y
original comunión, que confirma y perfecciona la natural y humana. En realidad
la gracia de Cristo, «el Primogénito entre los hermanos»​[56]​, es por su
naturaleza y dinamismo interior una «gracia fraterna como la llama santo Tomás
de Aquino​[57]​. El Espíritu Santo, infundido en la celebración de los sacramentos,
es la raíz viva y el alimento inagotable de la comunión sobrenatural que
acomuna y vincula a los creyentes con Cristo y entre sí en la unidad de la Iglesia
de Dios. Una revelación y actuación específica de la comunión eclesial está
constituida por la familia cristiana que también por esto puede y debe decirse
«Iglesia doméstica»​[58]​.
Todos los miembros de la familia, cada uno según su propio don, tienen la gracia
y la responsabilidad de construir, día a día, la comunión de las personas,
haciendo de la familia una «escuela de humanidad más completa y más
rica»​[59]​: es lo que sucede con el cuidado y el amor hacia los pequeños, los
enfermos y los ancianos; con el servicio recíproco de todos los días,
compartiendo los bienes, alegrías y sufrimientos.
Un momento fundamental para construir tal comunión está constituido por el
intercambio educativo entre padres e hijos​[60]​, en que cada uno da y recibe.
Mediante el amor, el respeto, la obediencia a los padres, los hijos aportan su
específica e insustituible contribución a la edificación de una familia
auténticamente humana y cristiana​[61]​. En esto se verán facilitados si los
padres ejercen su autoridad irrenunciable como un verdadero y propio
«ministerio», esto es, como un servicio ordenado al bien humano y cristiano de
los hijos, y ordenado en particular a hacerles adquirir una libertad