LA PUERTA VEDADA (CUENTOS).pdf


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Clara del Carmen Guillén

que se hallaba metida por ser mujer y jefa de sus
agresores, por ser tenaz, eran solamente un muro que
podía caer si ella era fuerte. Si los ignoraba y asumía
otra actitud, si no decaía. No, no los demandaría, esa
no era la solución inmediata. Conocía la mediocridad
de unos, la capacidad de otros, los intereses creados.
Al mes completo del incidente, un mes que dejó el
campo abierto, campo fértil para la cizaña, un mes en
una cama de hospital, por fin le dieron de alta.
Ellos habían reconstruido cada sucio recoveco: era
muy fuerte su presencia, pero la acabarían, las viejas
no tienen por qué mandar, al ratito van a querer
mandarnos a lavar la ropa. Hagamos algo para
sacarla definitivamente, –¿pero qué? –Pues no hay
peor cuña que la del mismo palo, la ataquemos de
otra manera, enfrentándolas, ya caerá.
Martha volvió al trabajo, abrió su oficina, nada
era igual. Se respiraba un ambiente de soledad, de
incomunicación, pero ella no era ni la sombra de
la mujer que fue agredida, era otra más fuerte, más
comprometida. Se sentía renacer. Se presentó a
trabajar muy temprano, así que cuando empezaron
a llegar, los recibió con una sonrisa, entrevistó a
los funcionarios menores, recorrió palmo a palmo,
preguntó, leyó la correspondencia, citó a reunión.
Rumores en los pasillos después de su paso. –¿La

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