LA PUERTA VEDADA (CUENTOS).pdf


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Clara del Carmen Guillén

favorecería a la empresa. Martha habló con temple,
con una seguridad desarmadora de cualquier ardid.
No permitiría un manejo sucio de las situaciones.
Grabó toda la reunión y salió, tan segura de sí misma
que pasmó a los asistentes.
–Te dije que no la dejáramos hablar, ya nos arruinó
el plan, grabó la reunión, no debimos permitirle la
entrada, somos mayoría. –Bueno, lo hecho, hecho
está, le quitemos esa grabación ahora mismo, la
alcanzaremos. Pero no la alcanzaron. Nadie la
alcanzó, menos el odio que se quedó flotando en el
ambiente, en la sangre de Nicolás, odio enfermizo que
lo atacó de pleno haciendo agudo el cuadro diabético
que presentaba desde años antes. No soportó la
tensión, sus ojos se abrieron desorbitadamente, cayó
en shock. Era tan grande el coraje que lo invadía, la
frustración y el miedo a ser descubierto. Perdió el
sentido, la noción de la realidad. Perdió la vida.
Cuando a Martha le avisaron del deceso llegó a la
funeraria, presentó sus condolencias a los familiares
y su amiga que la acompañó le preguntó: –¿Te dijeron
a qué hora murió?, ella contestó con frialdad: –En
realidad estaba muerto desde hace mucho tiempo.

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