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INTRODUCCION.
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interés de razon, porque, si el interés fuera sensual,
en lugar de fundarse en principios racionales pu.,
ros, la sensacion debería poder unirse al placer y
determinar así la facultad apetitiva. Aunque no sea
posible admitir ningun interés de inclinacion en
todo lo que se refiere á un interés racional puro,
podemos, sin embargo, para conformarnos con el
lenguaje ordinario, conceder á una inclinacion,
aun á la que no puede tener por objeto más que un
placer intelectual, un deseo habitual que resulte de
un interés racional puro; entonces esta inclinacion
no seria la causa, sino el efecto de este último interés, y podria llamarse inclinacion intelectual
•Hay que distinguir además la concupiscencia del
Oropensio intellectualis).
deseo mismo, del cual es como el estimulante. La
concupiscencia es una determinacion sensible del
alma, pero no convertida aún en un acto de la facultad apetitiva.
La facultad apetitiva, segun nociones, en cuanto su principio de determinacion se encuentra en
sí misma y no en el objeto, se llama la facultad
de hacer ó de no hacer á discrecion; en cuanto va
unida á la conciencia de la facultad de obrar para
producir el objeto, se llama arbitrio. Pero, si no
va unida á esta conciencia, su acto no es mas que
un voto, una aspiracion. La facultad apetitiva, cuyo
principio de determinacion interna, y por consiguiente hasta el consentimiento, se encuentra en
la razon del sujeto, se llama la T voluntad.' La voluntad es, pues, la facultad apetitiva considerada
menos con relacion á la accion (Corno el arbitrio)
