Relats Breus 2018.pdf

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Diari de Terrassa %JTTBCUF EFKVOZEF
La decisión final
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OMAR esta decisión no es fácil. Cruzar esa puerta puede parecer un acto sin
complicación aparente, pero todo cambia cuando te preguntas si estás
seguro. ¿Lo estoy? Al otro lado, me espera ella, de blanco, con una sonrisa
que alcanzará su máximo esplendor cuando me vea y empiece a avanzar
hacia mí. Sé que está a punto de entrar porque ya casi es la hora. Puedo
percibir como los ojos de quienes me rodean se clavan en mi persona. ¿Acaso se han
percatado de mis dudas o solo son alucinaciones mías? Una gota de sudor cae por mi
frente mientras mis extremidades empiezan a cobrar vida propia. Llegado este
momento, lo más fácil sería autoconvencerme de que ya no hay marcha atrás, pero no
es así. Siempre la hay. No puedo evitar sentirme el hombre más cobarde sobre la faz de
la tierra. No solo le he hecho perder el tiempo, sino que he impedido que alguien con
más dignidad pueda ocupar mi lugar. Me conozco y sé que no soy capaz de enfrentarme
a su semblante de decepción. Por ello, decido marcharme antes de que sea demasiado
tarde. Sé que ahora no entenderá mis dudas, pero la llamaré dentro de un tiempo,
cuando todo se haya enfriado, y se lo explicaré. Quizás la invite a un café, y quizás
acepte. Entenderá mi debilidad e incluso puede que se compadezca de mí. Tal vez
entonces, si me siento preparado, me atreva a pedirle una segunda oportunidad. Saco
un trozo de papel de mi bolsillo y sostengo mi pluma con pulso de cirujano. Trago saliva
y escribo apenas dos frases con las que justificar mi decisión sin recurrir a mentiras
piadosas ni a medias verdades. Le entrego la nota a una señorita que se limita a
contemplar mi huida con estupor. Subo al coche, arranco el motor y acelero sin mirar
atrás. “Lo siento, doctora. Elegí un mal día para extraerme las muelas del juicio”.
Anna Maria Burgués Pascual
