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d) Valores religiosos6. Son los comprendidos en la antítesis “sagrado-profano” y sus soportes
aparecen dados como completamente absolutos (cualesquiera que éstos sean), por lo que,
respecto a ellos, todas las demás modalidades muestran mayor o menor grado de relatividad.
Las peculiaridades de la escala axiológica nos llevan directamente a este centro de la
filosofía de Scheler. De manera que el hombre aparece como un valor único en su
género, considerado éste como una especie de “universo personal”7, “ya que la
persona es en cierta manera todas las cosas, en cuanto que es un microcosmos”8, en un
doble sentido, en cuanto a su presidencia del mundo, por un lado, y a su poder de dar
sentido9 y perfeccionar a éste, por otro10.
El puesto del hombre como ser natural vendrá determinado, entonces, por la sucesión integrada
de esos grados del ser psicofísico. De manera que la referencia de todas las cosas al hombre
responde a su misión de integrarlas consigo, al conferirles el alcance debido.
¿Por qué esta circunscripción del mundo al hombre? Dos características
fundamentales cabe destacar en la concepción scheleriana de la persona:
su trascendencia y su actualidad; de ellas cabría decir que derivar todas las restantes
características en el plano esencial y operativo: espiritualidad, libertad,
responsabilidad, capacidad para los conceptos abstractos, etc.
Lo denominado “trascendencia” podría denominarse fenomenológicamente
“intencionalidad” o, de modo más metafísico, “apertura”. Quiere decir que la persona
no es otra entidad dentro del mundo físico. El ser personal está abierto a la totalidad
del mundo, donde “mundo” significa un horizonte abierto en el que se van integrando y
ordenando las cosas físicas y todos los descubrimientos e innovaciones de la
humanidad.
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