El Cid Campeador Simplemente Rodrigo 5C.pdf

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ha hecho mi padre con el reino. No tiene sentido dividirlo. Ha costado
mucho esfuerzo llegar a unificarlo para que ahora quede separado. Dichosa
costumbre navarra de repartir el reino entre los hijos —Vuelve a callar
durante unos momentos—. Ahora no voy a emprender ninguna acción
porque no quiero ver a mi madre sufriendo por las peleas entre sus hijos,
pero el día que falte intentaré unificarlo de nuevo. Ahora no puedo porque,
quizás, la matase a disgustos y esto sí que no podría perdonármelo, pero no
puede quedar esto así.
—Sancho, siento tu tristeza y, como sabes, la hago mía. Lo de tu madre
es normal. Eran un buen matrimonio. A mi madre le pasó lo mismo cuando
mi padre falleció, pero, poco a poco, todo pasa. El tiempo cicatriza las
heridas y esperemos que en el caso de tu madre sea así también. En cuanto
a las acciones que tengas pensado emprender, te doy la razón: si te
enemistas con tus hermanos, tu madre sufrirá mucho por ver a sus hijos
peleados. Es mejor que el tiempo pase y tú también recapacites en lo que
quieres hacer y así puedas afianzar tus ideas o desecharlas. Cuando falte tu
madre, que quiera Dios que sea dentro de muchos años, ya tomarás las
decisiones que consideres oportunas. Ya sabes que yo estoy a tu lado.
—Gracias por estar conmigo, Rodrigo.
El camino hasta Burgos, aparte de ser triste, no tiene complicaciones.
Cuando llegamos al castillo, voy a mis aposentos y me aseo debidamente.
Al poco rato, llaman a mi puerta y me comunican que el rey requiere mi
presencia.
Una vez me termino de vestir, me dirijo al salón real y allí me encuentro
con Sancho.
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