El Cid Campeador Simplemente Rodrigo 5C.pdf


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regio; se colocó la corona y mandó que le trasladasen a la iglesia. Hincó las
rodillas frente a las reliquias de los santos y rezó, suplicando a Dios que
acogiese su alma:
Tuyo es el poder, tuyo es el reino, Señor. Encima estás de todos los reyes
y a ti se entregan todos los reinos del cielo y la tierra. Y de ese modo el
reino que de ti recibí y goberné por el tiempo que Tú, por tu libre voluntad,
quisiste, te lo reintegro ahora. Te pido que acojas mi alma, que sale de la
vorágine de este mundo, y la acojas con paz.
El rey, después de sus palabras a Dios, se despojó del manto y de la
corona. Se tendió en el suelo y recibió la ceniza sobre su cabeza.
El rey, con cincuenta y cinco años de edad, ha fallecido. Ha reinado
veintisiete años, seis meses y doce días. Que el rey descanse en paz.
Veremos que sucede a partir de ahora.
Los restos del rey fueron trasladados al monasterio de San Isidoro en el
mismo León, llamado hasta hace poco de San Juan Bautista. Triste comitiva
en la que, abriendo paso a caballo, se encontraban veinte caballeros con
uniformes de gala y estandartes del rey así como crespones o lazos negros
atados en las lanzas. Detrás del ataúd real, caminaban con cabeza gacha la
viuda, Sancha, el primogénito Sancho y el resto de hijos e hijas Alfonso,
García, Elvira y Urraca. Todos vestidos de negro. Detrás de la familia,
caminábamos multitud de caballeros, nobles y amigos de la familia. La
ciudad entera de León estaba presente viendo pasar la comitiva. La
cristiandad estaba de luto.
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