El Cid Campeador Simplemente Rodrigo 5C.pdf

Vista previa de texto
traigan nada bueno, si continuas aquí cerca de ellos.
—Pues no se hable más, Rodrigo —parece que Sancho se congratula con
las palabras de su buen amigo—, realizaremos los preparativos y partiremos
para Burgos lo antes posible. Voy a hablar con el rey para comunicarle la
decisión. Me da que él también piensa como tú y cree que será bueno que
pongamos un poco de distancia entre nosotros en estos momentos. Por
cierto, también tengo ganas de conocer a tu madre y decirle el desastre de
hijo que tiene. Ja, ja, ja. Es broma, Rodrigo, ¡no pongas esa cara! Sabes
bien que pienso todo lo contrario. Pocos hay como tú —Sancho casi se
atraganta por la risa que le ha dado al ver mi cara—. Por otro lado, ya pensé
que preferirías quedarte en tus tierras, en Vivar, pero no hay ningún
problema, ya que está al lado de Burgos. En poco más de una hora,
podemos encontrarnos y eso, ¡yendo de paseo! En caso de necesidad, a
caballo, clavando espuelas, en pocos minutos puedo tenerte a mi lado.
—Porque eres mi príncipe, si no, a veces te... Ja, ja, ja —reacciono,
mientas hago como que ahogo un invisible cuello delante de él—. Bien,
haré los preparativos para la partida. Es un viaje corto, si nos damos prisa,
podremos estar allí en tres días.
—Pues sí, Rodrigo, pero iremos sin prisa. No me importará disfrutar del
paseo y visitar con tranquilidad las aldeas por las que vayamos pasando.
A los tres días partimos y, como era de suponer, el rey estaba de acuerdo
con la partida. Padre e hijo se abrazan. Entre ellos, aunque con sus
manifiestas diferencias, se hace notar el lógico afecto que se tienen. Quizás
me parece atisbar que, a ambos, se les humedecen ligeramente los ojos.
También hay abrazos entre hermanos. Alfonso y García le desean buen
28
