El Cid Campeador Simplemente Rodrigo 5C.pdf

Vista previa de texto
caballero cristiano de nuestro reino.
Sancho se acerca a mí. Coge mi yelmo y me lo coloca en la cabeza. Me
pongo de pie. El rey me entrega la espada de mi padre con la que acaba de
nombrarme caballero y Sancho me da el escudo. Realizo la señal de la cruz
en mi cara. Me giro y los asistentes gritan de júbilo. ¡Ya soy caballero! Me
siento feliz y orgulloso. ¡Qué trabajo me cuesta sujetar las lágrimas! Alguna
se me escapa y Sancho me sonríe. Siempre seré fiel a mi amigo Sancho.
Permanecemos varios días en la ciudad de Zamora, mientras el rey trata
sus asuntos con los nobles de la plaza. Me imagino que, entre otras cosas,
querrá dejar atados todos los asuntos referentes a sus deseos para después
de su muerte, en los que dejaba claro que la ciudad de Zamora pasaría a ser
dominio de su hija Urraca. Los nobles de la ciudad han jurado lealtad al rey
y sus deseos.
Me dedico, junto con Sancho, a la visita de la bonita ciudad atravesada
por el río Duero. Rodeamos sus altas murallas que, hace poco, han sido de
nuevo levantadas por orden del rey al ser Zamora muy importante en la
defensa del reino. No en vano, el rey la llamó “la bien cercada” cuando
estuvo viendo, personalmente, como había quedado. Se ha realizado una
buena obra para la defensa de la ciudad, tomarla al asalto no creo que fuese
tarea fácil. A caballo, recorremos los alrededores de la localidad que
dispone de pequeños bosques de encinas y pinos. También visitamos las
zonas de huertos a las orillas del río donde los campesinos no paran de
mimar su tierra para poder recoger sus mejores frutos. Creo que hace algo
más de calor que en León y por ello, quizás, los huertos sean más
fructíferos que en nuestra ciudad.
25
