El Cid Campeador Simplemente Rodrigo 5C.pdf


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haber sido rescatados del asedio. Mientras permanecemos en la ciudad, los
pobladores se encargan de los caídos en la batalla. Levantan montañas de
cadáveres para ser quemados, no sin antes despojarles de todo lo que
pudiese tener valor para ellos. Los caballos muertos en la batalla son
troceados y llevados por los campesinos para ser consumidos como carne.
¡Cómo me alegro de ver mi caballo sano y salvo!, regalo de mi familia de
Vivar.
Cuando contaba con catorce años, murió mi padre. Su deseo era que me
formase como caballero en la corte. Debido a la amistad de mi familia con
el rey Fernando, su hijo, y amigo mio, Sancho vino al entierro. Después de
ver como mi padre desaparecía en la tierra, mientras los gritos de dolor
surcaban el aire, partí con Sancho hacia la corte. Mi madre me dio la espada
de mi padre y su mejor caballo entre sollozos. Había perdido a su marido y
ahora su hijo se iba lejos.
—Rodrigo, tu padre se sentía muy orgulloso de ti. Lleva su espada con
honor y, por favor, hazme saber de ti de vez en cuando. Te quiero, hijo.
Cuídate.
—Madre, llevaré siempre conmigo a padre y prometo escribirte para
contar como me va la vida, así como los progresos que vaya haciendo.
Pero, por favor, escríbeme tú también para saber qué tal estás. Te echaré
mucho de menos, madre.
Permanecemos diez días de descanso en la ciudad de Graus. Estos
moriscos sí que saben disfrutar de la vida. Bellas mujeres con ropas de seda
bailaban para nosotros de manera sensual, mientras nosotros hacíamos
cuenta de las viandas que se nos servían. No estamos acostumbrados los
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