alejandro dumas el hombre de la mascara de hierro (1).pdf


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que no reina, y Dios no obraría bien perjudicando a un príncipe digno. Pero Dios ha permitido que os persiguieran, y esa persecución os consagra hoy rey de Francia. ¿Os lo disputan? prueba que tenéis derecho a reinar; ¿os secuestran? señal que teníais derecho a ser
proclamado; ¿no se han atrevido a derramar vuestra sangre como la de vuestros servidores? es que vuestra sangre es divina. Ved ahora lo que ha hecho en vuestro provecho
Dios, a quien tantas veces habéis acusado de haberos perseguido sin descanso. Mañana, o
pasado mañana, a la primera ocasión, vos, fantasma real, retrato viviente de Luis XIV, os
sentaréis en su trono, del que la voluntad de Dios, confiada a la ejecución del brazo de un
hombre, lo habrá precipitado sin remisión.
––Comprendo, no derramarán la sangre de mi hermano.
––Sólo vos seréis el árbitro de su destino.
––El secreto que han abusado respecto de mí...
––Lo usaréis vos para con él. ¿Qué hacía él para ocultarlo? Os escondía. Vivo retrato
suyo, descubriríais la trama urdida por Mazarino y Ana de Austria. Vos tendréis el mismo
interés en guardar bajo llave al que, preso, se os parecerá, como vos os parecíais a él
siendo rey.
––Vuelvo a lo que os decía. ¿Quién lo custodiará?
––El mismo que os custodiaba a vos.
––Y decidme, ¿quién está en ese secreto, aparte de vos que lo habéis vuelto en mi provecho?
––La reina madre y la señora de Chevreuse.
––¿Qué harán?
––Nada, si vos queréis.
––No entiendo.
––¿Cómo van a conoceros si vos obráis de modo que no os conozcan?
––Es verdad; pero hay otras dificultades más graves todavía.
––¿Cuáles?
––Mi hermano está casado, y yo no puedo quitarle su mujer.
––Haré que España consienta en un repudio, está bien con vuestra nueva política y con
la moral humana. Así saldrá beneficiado todo lo noble y útil.
––El rey, secuestrado, hablará.
––¿A quién? ¿A las paredes?
––¿Llamáis paredes a los hombres en quienes tendréis vos depositada vuestra confianza?
––En caso necesario, sí. Por otra parte, los designios de Dios no se detienen en tan buen
camino. Un plan de tal magnitud se completa con los resultados, como un cálculo geométrico. El rey, secuestrado, no constituirá para vos el obstáculo que vos para el soberano
reinante. Dios ha dotado de un alma orgullosa e impaciente a vuestro hermano, a quien,
además, ha enervado, desarmado con el goce de los honores y el hábito del poder soberano. Dios, que tenía dispuesto que el resultado del cálculo geométrico de que os he hablado fuese vuestro advenimiento al trono y la destrucción de cuanto os es perjudicial, ha
decidido que el vencido acabe sus sufrimientos a poco de haber vos acabado con los
vuestros. Dios ha preparado, pues, el alma y el cuerpo del rey para la brevedad de la
agonía. Vos, aprisionado como un particular, secuestrado con vuestras dudas, privado de
todo, con el hábito de una vida solitaria, habéis resistido; pero vuestro hermano, cautivo,