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HISTORIA
Un interrogatorio de la Inquisición
Por Alejandro Mauriño
Relato y diálogo textual, extraído de los propios archivos
del “Santo Oficio”, de un interrogatorio realizado
en España a un francmasón francés.
La “Sagrada Inquisición” fue un tribunal eclesiástico
constituido en 1231 para perseguir lo que los papas
llamaban “herejías” y “delitos contra la fe”. El pontífice que puso en marcha este organismo persecutorio
fue Gregorio IX. Cuatro años más tarde se estableció
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El sistema del “fuego lento”
en distintos países de Europa, bajo la tutela y organiconsistía en matar al reo con un fuego
zación de la orden Dominica y directamente depenmoderado que lo consumía lentamente,
extendiendo su agonía hasta el punto
diente del papa de turno.
de que el individuo aún se hallaba vivo y
La tortura fue admitida como método haconsciente cuando sus pies se encontrabitual para lograr la confesión de los reos por el papa
ban carbonizados.
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La cifra varía notablemente Inocencio IV mediante la bula Ad Extirpanda, en 1252.
según se incorporan al total, al pueblo
Más tarde, su empleo fue confirmado por Alejandro
cátaro y a los albigenses, a los aborígenes IV en 1259, y Clemente IV en 1265.
americanos, a los adherentes al sisma
El asentamiento del “Santo Oficio”, como
protestante, a los francmasones, etc.
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también se denominó a esta asociación, en España, y
El escritor, editor y humanista parisino EtienneDolet fue torturado y más tarde en la América hispano-lusitana, fue gracias
quemado en la plaza de Maubet, el 3 de
a los reyes católicos y el papa Sixto IV, a través de neagosto de 1546, día de su cumpleaños
gociaciones efectuadas entre 1478 y 1483.
número 37. Como combustible se utiliza
Los ajusticiamientos en plazas públicas meron sus libros. La acusación inquisitoria:
ateísmo.
diante la hoguera y el fuego lento , los tormentos más
atroces, la humillación pública y el robo de bienes a
los condenados y sus familias, fueron una constante a
lo largo de los seis siglos de vigencia de esta tenebrosa
maquinaria represiva. Se estima que entre 200.000 y
dos millones de personas perdieron la vida debido a
la acción de la Inquisición, directa o indirectamente,
en sus 603 años de existencia.
Las víctimas preferidas fueron los judíos,
los moros, los conversos, los ateos, los indígenas americanos que resistían a convertirse, los poseedores de
libros prohibidos, los editores y todo aquel ciudadano
que no comulgara con la más estricta ortodoxia vaticana. La inquisición fue definitivamente abolida en
1834.
Como ejemplo, vale reproducir un interrogatorio a un sospechoso de herejía y confeso francmasón, extraído de los propios archivos del Santo Oficio
por el ex sacerdote Juan Antonio Llorente, publicado
en su “Historia de la Inquisición”, de principios del siglo XIX.
Se trata del caso del francés Pedro Tournon, quién se había establecido en Madrid con una fábrica de “hebillas
de metal amarillo”. En 1757 fue delatado por uno de sus empleados y acusado de haber sugerido a sus subordinados iniciarse en la masonería.
El empresario fue inmediatamente arrestado y encarcelado por la policía papal. El interrogatorio que se consigna a continuación, extraído de las actas inquisitoriales, permite comprender perfectamente la escasez de
argumentos teologales en contra de la libertad y la tolerancia, y la consiguiente furia del tribunal hacia la
francmasonería:
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El “indiferentismo” es
uno de los argumentos empleados por
los sectores más reaccionarios de la
jerarquía católica. Es natural que, al no
practicar rito religioso alguno, la masonería es prescindente de todo dogma o
fe positiva. También, al no ser posible
demostrar nada a favor o en contra de
la mitología romana, esta acusación
encuentra en la indiferencia un “pecado”
aparentemente horrendo.
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Simples y hasta ingenuos,
los argumentos del prisionero dejan
fuera de foco al inquisidor. Sus acusaciones son, a partir de aquí, al menos
incongruentes.
Buenos Aires, Septiembre 2017
“EL INQUISIDOR. —¿Jura V. á Dios y á esta santa cruz
decir verdad?
M. TOURNON. —Sí, lo juro.
—¿Cómo se llama V.?
—Pedro Tournon.
—¿De dónde es V. natural?
—De París.
—¿Con qué motivo vino V. a España?
—Para establecer una fábrica de hebillas de
metal amarillo fundido.
—¿Cuánto tiempo hace que reside V. en
Madrid?
—Tres años.
—¿Sabe V. o presume la causa de haber
sido traído preso á las cárceles del Santo Oficio?
—No la sé, pero presumo que será por haber dicho que soy francmasón.
—Por qué lo presume V.?
—Porque se lo he dicho á mis discípulos, y
recelo que me hayan delatado; pues he conocido de
algún tiempo a esta parte que me hablan con misterio
y me hacen preguntas alusivas a tenerme por hereje.
—¿Y les ha dicho V. la verdad?
—Sí señor.
—¿Con que V. es francmasón?
—Sí señor.
—¿Cuánto tiempo hace que lo es V.?
—Veinte años.
—Ha concurrido V. a las asambleas de los
francmasones?
—Sí señor, mientras estuve en París.
—¿Y en España?
—No, señor, ni sé que haya lógias.
—¿Y si las hubiese, asistiría V.?
—Sí, señor.
—¿Es V. cristiano, católico romano?
—Sí señor, bautizado en la parroquia de
San Pablo de París, de donde mis padres eran parroquianos.
—¿Cómo, siendo católico, asistía V. á las
asambleas masónicas, sabiendo ú debiendo saber que
son contrarias á la religión?
—Nunca lo he sabido ni ahora lo sé, porque
no he visto, ni he oído cosa que sea contra ella.
—¿Cómo nó, sabiendo que se profesa en
la masonería el indiferentismo7 , el cual se opone al
artículo de fé que nos enseña, que solamente pueden
salvarse los hombres profesando la religión católica,
apostólica y romana?
(Sigue en Pág. 30)
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