Revista SÍMBOLO Nº 99 web.pdf


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(Viene de Pág. 21)

EDUCAR AL SOBERANO

El emplazamiento del monumento erigido a Domingo Faustino Sarmiento,
obra del escultor francés Emilio Edmundo Peynot, inaugurado en 1938
en las tierras que ocupara la residencia de Juan Manuel de Rosas en
San Benito de Palermo cuyos cimientos acaban de ser descubiertos, constituyó en su hora un homenaje al civilizador y una evocación
permanente del progreso reivindicatorio que significó la
rúbrica en ese lugar del documento que consagró el triunfo de Caseros de la luz sobre las tinieblas, en cuyo ejército
grande el prócer se desempeñó como boletinero.
Acude así a la memoria la creación en 1872 del actual
parque Tres de Febrero debido a una iniciativa del propio
Sarmiento, pocos meses después de concluir su mandato
presidencial.

Sarmiento, sabedor de las objeciones que se formulaban a su proyecto (terrenos anegadizos e insalubres,
imposibilidad de realizar la obra propuesta, etc.), recabó la
opinión de especialistas en la materia. A raíz de esta consulta previa a la presentación del proyecto al parlamento,
Eduardo Wilde se expresó a favor del mismo, asegurando
que “Palermo no es insalubre, que se anega por falta de
nivel e intervención de la mano de obra del hombre y que
el cultivo y el plantío de los árboles que de suyo levanta
los terrenos, puede hacer de Palermo un lugar delicioso
y un elemento higiénico de primer orden para la ciudad”.

Agrega que “el terraplén del ferrocarril es ya un dique que
limita la invasión del agua en las crecientes”.

Ya en el parlamento la iniciativa, el senador por
Jujuy Daniel Aráoz se opone alegando que el proyecto
emanado del Poder Ejecutivo en víspera de finalizar el período presidencial, lo hace sospechar de propósitos ocultos que requieren —dice— una investigación de la verdad,
proponiendo que el asunto vuelva a Comisión.

Por su parte, el senador Guillermo Rawson declara
en su exposición que “no conoce Palermo por una prevención adversa que le ha impedido hasta ahora acercarse
al lugar, si no de paso y siempre con sentimiento de repugnancia que jamás puede vencer en las diversas oportunidades que he atravesado por ahí” y pide a Dios que
conserve en su pecho este santo horror a la tiranía, de sus
símbolos y de sus tradiciones.

Luego de otras intervenciones de elocuente factura oratoria y conceptual, por los senadores José María del
Carril (San Juan), Quintana y Nicolás Avellaneda, entre
otros, a favor y en oposición a la iniciativa, ésta es aprobada por doce votos a favor y once por la negativa, siendo
finalmente inaugurado el parque el 11 de noviembre de
1875.

Sarmiento deseaba que el acto inaugural se efectuara el 12 de octubre de 1874, coincidentemente con la
expiración de su mandato presidencial, pero circunstancias políticas lo impidieron. Él deseaba, además, que se
erigiera allí la estatua del patriota italiano Giuseppe Mazzini, pero la idea no prosperó.

La ceremonia de habilitación del parque contó con la presencia del Dr. Nicolás Avellaneda ya a la sazón presidente de la Nación y
Sarmiento.

Éste dijo “como resumen de todas las pasadas épocas, como el último retoño de la antigua barbarie, aquí en San Benito de
Palermo se atrincheró contra todo ideal de libertad y progreso, el hombre de la época pampeana, como Bravard llamó a esta formación,
el tirano de ejecuciones a lanza y cuchillo, que terminó el 3 de febrero de 1852”.
A su turno, el flamante presidente de la república, Dr. Nicolás Avellaneda
con su siempre inspirada voz, manifestó “queda plantado por mis manos
un árbol en conmemoración de esta fiesta. Es la magnolia americana del
bosque primitivo, con su blanca flor salvaje que numerosos pueblos de
la América enredaban en el suelto cabello de sus jóvenes mujeres, como
símbolo de pureza. Podemos nosotros adoptarla como emblema de la intención sana y del propósito bueno que hemos tenido al ejecutar las obras
de este parque público, que entregamos hoy para solaz del pueblo”.

La inauguración dio origen a una verdadera fiesta popular con participación de todas las clases sociales.
En el césped, bajo las enramadas se improvisaron reuniones con cantos criollos acompañados de guitarra, bajo
suntuosas carpas hubo banquetes de encopetada gente al estampido de los corchos de champaña.
Los elementos jóvenes de alcurnia asistentes al festejo, hallaron gracioso pasarle la cuenta de la comilona a Sarmiento,
para ver la cara que ponía.
Dándose cuenta rápidamente del caso, como presidente de la Comisión del Parque, puso al pie esta providencia:
“Páguese e impútase a la partida de alimentación de animales del parque Sarmiento”, mientras le dice al emisario:
“Vea si les agrada esta imputación, que no hay otra partida…”
La posteridad ha querido que allí se levantara el monumento a Sarmiento, a quien evocamos como homenaje de
desagravio ante una nueva agresión de quienes destinatarios precisamente de su titánica obra educativa y civilizadora, no han trepidado, irónicamente, en atacarlo mediante el embadurnamiento de su inocente estatua palermitana.
(Sigue en Pág. 23)

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SÍMBOLO - Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones

Buenos Aires, Septiembre 2017