Revista SÍMBOLO Nº 99 web.pdf


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EDUCAR AL SOBERANO

Esta nota, hasta hoy inédita, fue redactada
por el entonces Gran Maestre Carlos Wilson, en
agosto de 1987, a raíz
del atentado que sufriera el monumento a
Domingo Faustino Sarmiento en el parque
Tres de Febrero
de la ciudad de Buenos Aires

A escasos días de cumplirse el 99º aniversario de su tránsito a la inmortalidad, el Ilustre Hermano Domingo Faustino Sarmiento ha sido noticia
nuevamente.
No es que se haya inaugurado un nuevo colegio, una flamante biblioteca
pública o que el Parlamento Argentino hubiera sancionado una nueva y
moderna ley de educación obligatoria, gratuita y laica en sustitución de la libérrima Ley 1.420, como consecuencia del lento y prolongado accionar del Congreso Pedagógico Nacional. No, nada de eso ha acontecido.

El monumento del prócer emplazado en el parque
Tres de Febrero de la capital de la república, escenario de
la firma del acta de la derrota de la tiranía rosista, ha sido
nuevamente agredido por los inadaptados de siempre,
que lo atacaron cobardemente
al amparo de la impunidad que
brindan las sombras de la noche,
al parecer esta vez de manera
irreparable.

Los pacíficos y forzados
huéspedes del zoológico cercano, obra también de “Don Yo”,
deben haber contemplado atónitos la nocturnal labor depredadora de sus bípedos congéneres,
sintiéndose protegidos de la vorágine cultural por la cerca metálica que felizmente los separaba de la barbarie.
No es esta, por cierto, la primera vez que la estatua del egregio
sanjuanino ha sido objeto de la
agresión, en esta oportunidad
sin evidencias de connotaciones
políticas.
Cabe recordar que en 1963 fue
atacada mediante la explosión
de una bomba que destruyó la
cabeza y otras partes de su estructura de mármol.
Para el caso es lo mismo, pues en cualquiera de sus formas, semejante actitud conlleva una insoslayable manifestación de incultura social que hiere a la comunidad
Buenos Aires, Septiembre 2017

toda, más allá de ideologías y preferencias políticas, en
el recobrado ámbito de democracia y libertad que vive la
ciudadanía.
En efecto, a raíz del nuevo incalificable agravio inferido
a la personalidad y la obra del
Maestro de América, ya que no
otra conclusión puede extraerse
del vandálico acto perpetrado,
un alto funcionario de la comuna metropolitana, a modo de
consuelo de lelos, nos ilustra
que de los 1.800 monumentos,
estatuas, esculturas y obras de
arte esparcidos en diversos lugares públicos de Buenos Aires,
casi ninguno de ellos ha escapado de ser blanco de la iracundia de quienes no encuentran
una manera más civilizada de
exteriorizar su fobia contra todos aquellos que simbolizan
una expresión de espiritualidad
y gratitud hacia personalidades
eximias de la historia nacional
y universal, o simplemente una
manifestación estética de buen
gusto artístico.
El encerramiento del obelisco,
en el centro de la ciudad de
Buenos Aires, para evitar su enésimo pintarrajeo, es una
prueba más del desborde de un grupo antisocial que no
sabe apreciar, menos aun, respetar el acervo patrimonial
de la población.
(Sigue en Pág. 22)

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