Los signos del zodíaco Louise Huber.pdf


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Cáncer

Cuerpo mental
Elevo mi conciencia a la cabeza, al centro del cerebro. Soy consciente de todo, todas las impresiones que
aparecen son registradas, evaluadas y clasificadas. Estoy bien despierto. Veo como los pensamientos fluyen
en mi cerebro. Vienen de todas partes y penetran en mí.
Es un flujo continuo de pensamientos. Pero yo permanezco libre en el centro y los observo, mirándolos como
si fueran niños jugando.
Yo, el foco de la conciencia o el «yo soy» del plano
mental, soy capaz de dirigir mis pensamientos con mi
voluntad. Tengo libertad de elección y puedo pensar
sólo en lo que es bueno para mí y para todos los seres
humanos. Dedico mis pensamientos positivos y constructivos al reconocimiento del bien.
OM
Alineamiento con el alma
Después de esta diferenciación entre el yo y sus herramientas física, emocional y mental, podemos penetrar
en la región en la que reside nuestro ser interior, el
verdadero yo o el alma.
Con un acto de voluntad me identifico con mi alma. Visualizo un sol blanco y resplandeciente detrás de mí.
Expando mi conciencia hacia él. Como alma, emito un
OM inaudible y proyecto luz, amor y comprensión hacia la personalidad integrada. Así, la personalidad en
servicio se fortalece.

3. Ejercicio de visualización (Cáncer)
Ahora dejo que mi foco de conciencia descienda lentamente dentro de mi cabeza, entre las mandíbulas, a
través del cuello, hasta la parte superior del pecho. Ahí
lo dejo descansar. A continuación, lentamente, deslizo
mi punto de atención aún más abajo, hasta el abdomen.
Aquí está el centro de gravedad de mi cuerpo y en él
encuentro calma y tranquilidad. Continúo profundizando, como si descendiera por un pozo, hasta penetrar
en la fuente de mi ser, en el seno materno, en mi fuente
primordial. Aquí me siento completamente seguro y protegido. Puedo sentir el pulso de la vida. Soy uno con el
origen de toda vida. Una profunda paz llena mi interior.
Lentamente elevo mi conciencia de nuevo y salgo fuera
del seno materno pero mantengo firmemente la conexión con la fuente y con el agua de vida que eternamente
mana de ella. A continuación veo una luz en mi interior,
como un hilo dorado luminoso que se eleva lentamente
por mi columna vertebral desde su base, emitiendo un
tenue sonido. Atraviesa la pelvis y sube lentamente por
la columna, pasa entre los omóplatos, continúa por las
vértebras cervicales y, a través de la nuca, llega hasta la
coronilla. Llevo el hilo de luz por encima de mi frente
hasta el comienzo de la nariz y ahí me concentro en el
punto situado entre ambas cejas.
Ahí, en el centro ajna, descansa el yo. Es el punto de
reunión de la personalidad tripartita integrada, el reflejo
del yo superior con el que me hago uno. A continuación

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