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Géminis

el «frío positivismo» que sirve de defensa contra los
sentimientos de culpa. Sin embargo, en su interior no
puede engañarse a sí mismo en lo referente a cómo es
en realidad.
Durante el mes de Géminis, todos tenemos que luchar
en cierta medida con esta polaridad. Tan pronto como
empezamos a engañarnos e intentamos escondernos de
los demás, acabamos quedando ocultos detrás de nuestros propios pretextos y entonces, en el encuentro con
los demás, tememos el posible rechazo o la exclusión.
Pero, por otro lado, nuestra parte Géminis quiere estar
presente en todas partes. Géminis quiere ser aceptado,
reconocido y amado pero, con frecuencia, en el trato
con el mundo, una parte esencial de su realidad interior
queda escondida (por lo menos mientras piense que debe comportarse según lo que le dicten los demás o de
acuerdo con la opinión prevaleciente). No obstante, tan
pronto como se da cuenta de que hay otras posibilidades aparte de las postuladas por las normas colectivas
o las determinadas por las corrientes de moda empieza a confiar en su propio pensamiento y en su propia
capacidad de valoración.

El autoconocimiento
Pero para esto se necesita coraje. Para avanzar en el
proceso de autoconocimiento hay que apartarse de la
seguridad aparente del pensamiento colectivo (al menos por algún tiempo) para seguir el propio camino. Y

para esto se requiere valor. En este proceso, Géminis
duda sobre si realmente está haciendo lo que debe y de
su propia capacidad para hacerlo. Pero estas dudas no
duran demasiado puesto que su gran curiosidad le hace
olvidar sus miedos con gran rapidez.
Todos nos enfrentamos a los problemas de la lucha por
el verdadero autoconocimiento. En determinados momentos nos damos cuenta de cómo somos en realidad y
eso nos sorprende (es como cuando escuchamos nuestra voz grabada en una cinta por primera vez). Entonces
nos sentimos extraños y no nos reconocemos porque
creemos ser lo que nuestra educación ha hecho de nosotros: unos niños bien adaptados con una determinada
forma de comportamiento. Nos damos cuenta de que,
en realidad, sólo estamos «adaptados» y de que quizás
vivimos muy alejados de nuestro verdadero ser interior.
Nos damos cuenta de que todo el saber acumulado
no nos lleva a experimentar nuestro verdadero yo sino
que sólo es un lamentable intento de eludir, de forma
intelectual, el doloroso reconocimiento de que nuestro
verdadero ser no concuerda con ese saber.
La experiencia del verdadero yo sólo es posible cuando
nos exponemos, es decir, cuando asumimos el riesgo de
apartarnos de la forma de pensar del colectivo, de sus
normas y de las formas de comportamiento establecidas.
Entonces se activa el signo opuesto de Sagitario. Pero
eso requiere el coraje de dejar a un lado las máscaras
ajenas al auténtico ser y las formas de comportamiento

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