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10. Siguió: “Mendigué por el dinero pero nadie me dio y
finalmente el hambre pudo más que mi conciencia y el
pan robé, cuando fui visto corrí”.
11. El pueblo escucho esto y se compadecieron del pobre,
Adriano se acerco a él y le dijo: “Te daré trabajo en mi
hogar, seras mi sirviente y aprendiz en la orfebrería;
podrás leer los libros que poseo y un hombre libre seras.
Dime tu nombre”.
12. El hombre dijo: “Agradezco su ayuda pero debo decirle
que leer no sé y con respecto a mi nombre mis padres
nunca uno me dieron y la gente del pueblo me llamaba
asno pues sin educación soy”.
13. Adriano dijo: “Ven entonces que aquí mi alumna Saray
sera tu maestra y a leer te enseñara, a escribir aprenderás
también”. Así fue y con el paso de las lunas a leer
aprendió el hombre y a escribir, a Adriano sirvió por años
hasta orfebre y con él trabajaría.
14. Llegó el momento de Adriano y Saray para abandonar
Tuonela nuevamente y al hombre que alguna vez salvaron
dejaron a cargo de la biblioteca. Así dijo Adriano antes de
irse: “Cuando nos conocimos fuiste un hombre en
necesidad y ahora eres un amigo, ya no eres asno de
nombre sino Akil pues inteligente eres ahora”.
15. Con ese acto final se marcharon y hacía el poblado del
Akil se dirigieron pues la palabra era necesaria allí.