El tomate mecánico..pdf

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Esa mañana despertó asustado, había tenido un mal sueño, prendió el televisor de
inmediato para verificar si había algún cambio extraordinario de posición, empezó
a limpiarse como de costumbre con una toalla húmeda, su frescura lo hacía
sentirse fuerte y no era para menos: hoy su rojiza piel había amanecido de un
color más oscuro.
-¡Hoy llego al borde! Pensó enérgicamente.
De un momento a otro sintió un profundo ardor en alguna parte de su cuerpo, cada
vez más intenso hasta el punto de contorsionarse gritando:
-¡Ayuda! ¡Un patán ha vertido sobre mi algún tipo de ácido!
De repente por dos orificios que nunca había sentido empezó a observar una
intensa luz blanca y pudo visibilizar unos pequeños tomates morados, eran uvas,
pero su mente apenas reconocía aquella nueva imagen, y a su lado vislumbro un
hermoso ángel de verde metalizado con largos cabellos:
-¿Quién eres?
-¿Qué dimensión es esta?
El ángel sonrió, y moviendo su cabeza de lado a lado le dijo:
-Eres un tomate, eres una fruta más del estante.
-Te he dotado de ojos para que puedas vislumbrar lo que eres: una simple fruta.
-Aquí y allá, te llaman tomate 0065.
Tomate 0065 se estremeció e intento moverse, pero ya no sabía cómo hacerlo,
sentía vértigo y además se veía rodeado de unas bolas rojas –horribles- que no
reconocía –sus vecinos tomates- y que ni siquiera se comunicaban con él, estaban
todos quietos, como cosas muertas, los empujaba fuertemente, pero no había
respuesta alguna. Pensó que todavía estaba soñando e intento despertarse
echándose un vaso de agua encima. Podía ver a través del agua, ahora entendía
la perspectiva: tenía ojos. Se acurruco al lado de esas bolas rojas y cerró sus
nuevos ojos por horas.
Cuando logro controlarse y volver a abrir sus nuevos ojos, escucho en el fondo el
sonido de un televisor, podía ver TCN a todo color con estos nuevos ojos, ese
sería su puente con la dimensión que conocía, pero se sentía mal consigo mismo:
era una simple fruta. Ahora veía en la pantalla un montón de frutas rojas, gordas y
redondas, saltando de aquí para allá, y actuando con maldad. Estaba
completamente solo a pesar de que lo rodeaban los suyos.
