El tomate mecánico..pdf


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Cuando tomate 0065 miró sobre la yerba a su izquierda pudo observar el centro
comercial del norte, se dio cuenta -generando gran sentimiento de rabia y tristeza-,
que era un simple estructura más, como aquellas de las que había hecho parte
durante toda su vida: una familia, un supermercado, una Federación de tomates.
Ahora podía verse completamente podrido, la imagen verificada y auto-impuesta
que todos los días había visto por el canal TCN, era una farsa: él no era ni un Dios
ni su naturaleza era la más perfecta, había conocido humanos, bicicletas,
lombrices, y todos compartían bondades y defectos.
-Nuestra maldad no es más que algo ínfimo al igual que nuestra bondad. Dijo
tomate 0065 mientras miraba el centro comercial del norte con cierto desdén.
Meditó dentro de todos sus recuerdos en el paso por esta dimensión y pudo
descubrir que era el quien había decidido su norte, nadie le había indicado
realmente a donde llegar: ni la publicidad de la gran mandarina sabía, ni el ángel
de verde metalizado con largos cabellos, este último lo había dotado de ojos y
conciencia, pero ello de nada le hubiese servido si su autodeterminación no le
impulsaba a salir de la dimensión conocida y cruzar la puerta de los ratones.
-Donde hay satisfacción no puede haber revolución.
-Ni el amor por la reina de belleza detuvo el tiempo.
-Ni el secreto de la vida que me brindó el Moho del Cometa Halley cambiaron me
decisión de seguir en búsqueda de este sitio. Exclamó tomate 0065 mientras de su
cuerpo salía un olor fétido y escurría líquidos y sangre por todo el pavimento.
Ambas dimensiones se desarrollaban en un plano material: en el supermercado su
libre albedrío dependía de la federación de tomates, afuera dependía de los
alimentos, y de las pasiones, y del dolor. Tomate 0065 quiso lanzarle piedras al
centro comercial del norte y expresar toda su rabia, de repente se dio cuenta que
a su agonía le quedaba poco, así que en vez de ello decidió cortar unas cuantas
flores y ponerlas a su alrededor oliéndolas profundamente y empezó a agradecer
la existencia misma.
-No puedo cambiar este mi destino: pudrirme, pero si puedo cambiar como verlo y
sentirlo y a si a su vez también crearlo. Predicó a las flores tomate 0065 mientras
su vos se apagaba lentamente.
-No parecer.
-Ser.
Y tomate 0065 cerró sus ojos.