Wilhelm Reich Carlos Frigola & Gerard Ponthieu (1979).pdf

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1. La energía de los impulsos
Reich encuentra a Freud
La pregunta «¿qué es la Vida?» está presente en toda la obra de Reich, que siempre se alejó
de la superespecialización, es decir, jamás se permitió observar tan de cerca a los árboles
-cosa bastante corriente en nuestros díascomo para perder de vista el bosque. Si miramos
atrás, vemos al joven estudiante, interesarse no sólo en las ciencias médicas, sino también en
«aquello» que se oculta en la inmensidad del bosque, lo que emerge de él: literatura,
sexología, filosofía, escritos psicoanalíticos o historia del materialismo.
De todos es sabido que Reich se introdujo en el mundo psicoanalítico por pura casualidad.
En enero de 1919, algunos estudiantes de medicina de la universidad de Viena organizaron un
seminario de sexología con el propósito de llenar el vacío que la medicina clínica mostraba
respecto al tema de la sexualidad humana (todavía de actualidad). A través de este contexto,
Reich empezó a leer por primera vez al librepensador y honorable profesor Sigmund Freud. El
intento de comprender los fenómenos biológicos de los procesos orgánicos le llevó a una ávida
e infatigable búsqueda de conocimientos, a interesarse por la forma cómo la realidad humana
y la experiencia subjetiva se entrecruzan. Siendo estudiante de medicina ya dudaba entre el
mecanicismo y el vitalismo, leyendo siempre que podía, robando minutos al sueño, todos los
libros interesantes que caían en sus manos: La vida sexual de nuestro tiempo de Iwan Bloch,
La evolución creadora de Bergson, El manual de sexología de Boll, el trabajo de Semon sobre
la memoria, La cuestión sexual de Forel, La heredabilidad de los caracteres adquiridos de
Kammerer, el Buddha de Grimm y el que posiblemente más le impresionó: Peer Gynt de Ibsen.
Durante algunos meses, Reich se situó al margen del seminario, sin tomar parte activa en
las discusiones, por algún motivo, diríamos hoy, de contra-transferencia, a pesar de participar
en ellas algún experto psicoanalista. En su diario escribió poco después: «Quizá mi sentido
moral rechaza estas charlas: y sin embargo, basándome en mi experiencia y en la observación
de mí mismo y de los demás, he llegado a persuadirme de que la sexualidad es el centro de
gravitación alrededor del que gira no sólo la vida íntima del individuo, sino que también la vida
social». El enfoque de la sexualidad por parte de los psicoanalistas y sexólogos era patologista,
interesados, no en la libre expresión de la energía «viva» de los organismos orientada hacia la
consecución del placer, sino en los aspectos perversos y morbosos, todo esto dentro de una
actitud culturalista sexofóbica (todavía de actualidad). En este «caldo de cultivo» moralista,
difícilmente soportable para una personalidad como la de Reich, decide presentar finalmente,
hacia finales de verano de 1919, un ensayo sobre: El concepto de libido desde Forel a Jung.
Reich contrasta el término «libido», usado por los investigadores prefreudianos como un deseo
sexual consciente, con el que Freud usaba en el sentido de la energía del impulso sexual,
utilizando para ello analogías con la energía eléctrica como el proceso objetivo responsable de
las experiencias subjetivas, es decir, las manifestaciones emotivas resultantes de la esencia
biológica del instinto. Esta analogía, encontrada quizá casualmente, le llevaría posteriormente
hacia las experiencias que, catorce años más tarde, desarrollaría sobre el concepto de la
bioelectricidad en los organismos vivos (los biones).
Los miembros del seminario de sexología, maravillados por las interpretaciones de Reich, lo
eligen «director» del mismo, responsable de la coordinación de los diferentes grupos de
trabajo. Por esta razón, empezó a entrar en contacto con autores conocidos: Stekel,
Kammerer, Adler y el propio Freud. Posiblemente el contacto con Freud y con las ideas
psicoanalíticas le hicieron decidir a terminar prematuramente la carrera de medicina y a
dedicarse exclusivamente a la tarea psicoanalítica. Mirando atrás con una cierta nostalgia, le
vemos acudir directamente al domicilio de Freud y plantearle directamente la cuestión: «Le
dije que éramos estudiantes de medicina que considerábamos que en ninguna facultad de
medicina se contaba con un curriculum de sexología, y que mis colegas y yo queríamos
modificar la situación. Pedíamos su ayuda y se mostró presto a dárnosla. Se arrodilló ante un
estante de su librería y sacó Trieb-Schicksale, Das Unbewusste y demás. Habló largo rato
sobre ello y se mostraba muy contento. Se sentía muy interesado. Dijo: «Por fin. Ya es hora».
Freud -escribiría años más tarde Reich hablando de esta primera impresión- hablaba como un ser
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