Marqués de Sade Justine.pdf


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tranquilidad». Yo no censuro en absoluto la existencia de este pacto, pero
sostengo que hay dos tipos de individuos que jamás debieron someterse a él:
aquellos que, sintiéndose más fuertes, no tenían necesidad de ceder nada para
ser felices, y aquellos que, siendo los más débiles, tenían que ceder
infinitamente más de lo que se les otorgaba. Y el caso es que la sociedad sólo
está compuesta de seres débiles y de seres fuertes. Ahora bien, si el pacto tuvo
que disgustar a los fuertes y a los débiles, estaba claro que no convenía a la
sociedad, y el estado de guerra, que existía antes, debía resultar infinitamente
preferible, ya que dejaba a cada cual el libre ejercicio de sus fuerzas y de su
ingenio, de los que se veían privados por el pacto injusto de una sociedad, que
siempre quitaba demasiado a uno y jamás concedía suficiente a otro. Así que el
ser realmente sensato es aquel que, con el riesgo de reanudar el estado de
guerra que reinaba antes del pacto, se revuelve irrevocablemente contra él, lo
viola cuanto puede, convencido de que lo que obtendrá de estas lesiones
siempre será superior a lo que podrá perder, si es el más débil, pues también lo
era respetando el pacto: puede convertirse en el más fuerte violándolo y, si las
leyes lo devuelven a la clase de la que ha querido escapar, el mal menor es
perder la vida, que representa una desdicha infinitamente menor que la de vivir
en el oprobio y la miseria. Esas son, pues, las dos alternativas para nosotros: o
el crimen que nos hace felices, o el cadalso que nos impide ser desgraciados.
Pregunto si cabe titubear, hermosa Thérèse. ¿Descubrirá tu inteligencia un
razonamiento capaz de rebatir éste?
––¡Oh, señor! ––contesté con la vehemencia que da tener la razón––, hay mil,
pero, por otra parte, ¿debe ser esta vida el único objetivo del hombre? ¿Es algo
más que un pasaje del que cada uno de los peldaños que recorre debe, si es
razonable, conducirle a la felicidad eterna, premio garantizado de la virtud?
Supongo con vos (lo que, sin embargo, es raro y choca con todas las luces de la
razón, pero no importa), os concedo por un instante que el crimen pueda hacer
feliz en este mundo al malvado que se abandona a él: ¿imagináis que la justicia
de Dios no espera a este hombre deshonesto en el otro mundo para vengar lo
que ha hecho en éste?... Ay, no creáis lo contrario, señor, no lo creáis ––añadí