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prueba de su necesidad, incluso en una sociedad criminal... que la certidumbre
de que esa sociedad no se sostendría ni un momento sin la virtud!
––Eso que argumentas, Thérèse, sí que son sofismas terció «Corazón-deHierro»––, y no lo que había dicho la Dubois. No es en absoluto la virtud lo que
sostiene nuestras asociaciones criminales: es el interés, el egoísmo. Así que es
totalmente falso ese elogio de la virtud que has deducido de una hipótesis
quimérica. En absoluto es por virtud por lo que, creyéndome, como supongo, el
más fuerte de la banda, no apuñalo a mis camaradas para arrebatarles su parte;
es, más bien, porque, encontrándome solo, me privaría de los medios que
espero de su ayuda para asegurarme la fortuna. Este motivo es, igualmente, el
único que retiene su brazo en contra de mí. Ahora bien, como ves, Thérèse, este
motivo sólo es egoísta y no tiene la mas ligera apariencia de virtud. Dices que
quien quiere luchar a solas contra los intereses de la sociedad tiene que dar por
supuesto que perecerá. ¿No perecerá con mucha mayor seguridad si sólo tiene
para existir su miseria y el abandono de los demás? Lo que llamamos interés de
la sociedad no es otra cosa que la suma de los intereses particulares reunidos,
pero sólo cediendo este interés particular se puede coincidir y colaborar con los
intereses generales. Ahora bien, ¿qué quieres que ceda el que no tiene nada? Si
lo hace, no me negaras que su error ha sido mucho mayor al dar infinitamente
más de lo que recibe, y en tal caso la desigualdad de la transacción debe
impedir que la cumpla. Atrapado en esta situación, lo mejor que puede hacer ese
hombre ¿no es alejarse de esta sociedad injusta para conceder los derechos a
una sociedad diferente que, situada en la misma posición que él, tenga interés
en combatir, con la reunión de sus pequeños poderes, el poder más amplio que
quería obligar al desdichado a ceder lo poco que tenía para no recibir nada de
los demás? Pero de ahí nacerá, me dirás, un estado de guerra perpetuo. ¡De
acuerdo! ¿Acaso no es el de la naturaleza? ¿El único que nos conviene
realmente? Todos los hombres nacieron aislados, envidiosos, crueles y
déspotas, deseosos de tenerlo todo y no ceder nada, y luchando incesantemente por mantener tanto su ambición como sus derechos. Llegó el legislador y
dijo: «Dejad de enfrentaros así; al ceder un poco de uno y otro lado, renacerá la