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Partimos con rumbo a la sede del Comité que se ha organizado en el tercer piso del
edificio donde funciona la enfermería. Desde el sitio donde me encuentro, puedo ver al
“Mocho” Carlos recostado contra una pared, por los lados del taller de mecánica. Sobre
un ladrillo tiene apoyado su pierna ortopédica. Más adelante, en la grama, se encuentra
Wilson acostado con la muleta al lado. El “Mocho” Carlos tiene el aspecto de un
espantapájaros. Parece una de esas aves cuando se paran en una sola pata en la playa o
en la orilla del río para asolearse. La falta de una de sus piernas lo hace distinto a
cualquier otro, con una gran diferencia. Al mismo tiempo cambia su fisonomía y su
apariencia. Esta escena me recuerda mucho tiempo atrás cuando yo era un niño, en esa
época tan hermosa que todos hemos vivido, en la cual de por sí uno tiene esa timidez
infantil. Yo era de los que sentía por esas personas medio mutiladas, que les faltan, una
pierna, un brazo, una oreja, un ojo, venían a hacer más extensa mi curiosidad y mi
admiración por los inválidos. Sacando conclusiones, con mi imaginación de inocencia
de aquel entonces y las experiencias que hoy estamos viviendo en la prisión, he llegado a
una suposición muy lógica; Que los mochos, tuertos y sin orejas sólo pueden ser dos
cosas: Héroes o prisioneros.
Mecié Dubá no vacila para dar su repuesta al “Mocho” Carlos, dice:
-- Puede decirles a todos que acepto, pero también dígales que nadie debe inmiscuirse en
lo que voy a organizar. Todos incluyéndolo a usted, tendrán que obedecerme. Seré el de
la batuta y lo ordene, debe ejecutarse sin ningún temor, ¡Seré el general de esta guerra!
¡Adelante el motín!
Por un momento, Carlos se queda pensativo, de pronto reacciona y pregunta:
-- ¿En su concepto, quien cree que pueden hacer parte de los Comités?
-- Mi estimado colega, quien más pueden ser, sino los que esta viendo aquí en estos
momentos. Responde Mecié Dubá. Elí, Gustavo, el “Mono” Robayo, Arregocés, usted y
yo. No necesitamos a nadie más.
En el rostro del “Mocho” Carlos se refleja el gran entusiasmo. Por lo que se ve, era la
respuesta esperada por él. Pero además agrega:
-- No sé cuál sea su opinión, ¿pero no le parece conveniente que los compañeros
campesinos, esos del patio primero, formen parte de los Comités? Debemos tener en
cuenta que fueron ellos quienes promovieron todo este tierrero.
-- Sí. Efectivamente fueron ellos quienes han promovido todo esto, pero seremos
nosotros los que triunfaremos. Sostiene Gustavo. Si no está al corriente de esto, las
revoluciones nunca han sido ganadas por quienes las inician, sino por quienes las
terminan. Además fíjese que a los campesinos los engañan muy fácil. Eso se ha vuelto
una costumbre entre ellos, la principal evidencia son las épocas de elecciones, dan su
voto por el primero que les digan, sin conocerlo siquiera y sin haberlo visto jamás.
Para corroborar lo que acaba de decir Gustavo, Mecié Dubá dice a manera de
confirmación:
